El agua: esencial para los primeros meses del bebé

El agua es un elemento indispensable en todos los tejidos y líquidos orgánicos. De hecho, el cuerpo humano está compuesto en su mayor parte por agua (constituye el 60% del peso de un adulto) y sin ella no podría regular su temperatura, asimilar los nutrientes, eliminar desechos…

De ahí que mantener un volumen apropiado de líquidos en los diversos comportamientos corporales tenga una enorme trascendencia para la salud, algo que resulta especialmente importante en el caso de los niños. Y es que en ellos las necesidades de este elemento son proporcionalmente más altas que en los adultos debido a que sus requerimientos de consumo calórico son mayores y a que, en su caso, la proporción de agua en el organismo llega al 70%.

LA CANTIDAD DE AGUA QUE NECESITA:

  • De 0 a 4 o 6 meses. La que recibe cuando le amamantas exclusivamente (un 88% de la leche materna es agua) o a través del biberón de leche basta para cubrir sus requerimientos y provee de un buen margen de seguridad. Por esta razón, en circunstancias normales no es necesario que tu bebé reciba un aporte suplementario.
  • A partir del 5º o 6º mes. Con el inicio de las papillas, y sin abandonar el pecho o el biberón, conviene que empieces a dar al bebé agua pura, bebida o con cucharita. No te preocupes si al principio no la quiere (si un niño sano rechaza tomar agua, simplemente es porque no tiene sed) y continúa ofreciéndosela de vez en cuando. Por otro lado, el niño puede también obtener agua adicional a través de frutas o jugos, de verduras o pequeñas cantidades de agua hervida durante las horas de la comida, teniendo siempre la precaución de que este elemento y otros líquidos no reemplacen a la leche. Eso sí, recuerda que si das de beber a tu hijo jugo de frutas, lo más conveniente es que lo exprimas en casa, siempre con un cuidadoso lavado previo. Incluso es mejor que le des la pieza entera, más o menos triturada o cortada según la edad que tenga el niño.
  • A partir del primer año. Es fundamental que sigas reforzando y sosteniendo su hábito de beber agua, ya que se calcula que el niño debe tomar entre 1.200 y 2.700 ml por día (la mitad de ella bebida, el resto principalmente a través de los alimentos).

LA MÁS ADECUADA

  • Agua potable. Si es para un bebé, hiérvela un minuto (a nivel del mar) desde el momento en que empieza a hervir en la superficie. Tienes que añadir un minuto más por cada 1.000 metros por encima del nivel del mar (sin llegar nunca a los 10 minutos).
  • Agua de bebida envasada. No precisa ebullición, ni siquiera para un bebé. Es la más recomendable para niños y conviene usarla siempre que no tengamos muy clara la calidad del agua de la red. Además, es mejor emplear siempre la misma, ya que las diferencias entre las aguas pueden acarrear al lactante problemas intestinales, como diarreas o estreñimiento excesivo. A la hora de adquirirla, comprueba que en la etiqueta haya suficiente información sobre su composición química y recuerda que los valores analíticos más importantes a la hora de escoger el agua ideal para un bebé son: el sodio (debe tener menos de 25 mg/l, si se usa para preparar biberones con leche de inicio, y menos de 50 mg/l si se emplea con leche de continuación), el flúor (siempre menos de 1 mg/l) y los nitratos (menos de 50 mg/l).

 

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