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PROTECTIA | 22 octubre, 2019

Durante el embarazo su cuerpo pasa por muchos cambios, lo que crea tensión en usted mentalmente y físicamente. Una manera de mantener una mente sana y cuerpo es el yoga prenatal. El yoga prenatal se centra en poses para las mujeres embarazadas, con el fin de aumentar la fuerza y la flexibilidad.

También ayuda a las mujeres embarazadas para desarrollar técnicas de respiración y relajación adecuados para el trabajo más fácil y más cómodo

¿Cuáles son los Beneficios de Yoga Prenatal?
El yoga prenatal es bueno para el bienestar general. Es una forma de ejercicio que también habla de su bienestar embarazo.

Hay muchos beneficios para el yoga prenatal, incluyendo:

  • Mejora el sueño
  • Reducción del estrés
  • El aumento de la fuerza, flexibilidad y resistencia
  • Disminución dolor de espalda baja
  • Disminución náuseas
  • Disminución síndrome del túnel carpiano
  • Disminución de los dolores de cabeza
  • Reducción del riesgo de parto prematuro
  • La disminución del riesgo de restricción del crecimiento intrauterino (condición que frena el crecimiento del bebé)

Además de los beneficios mencionados, los estudios han encontrado que hay una relación entre el yoga prenatal y la reducción de las complicaciones relacionadas con la hipertensión, así como, la mejora del resultado fetal.

Yoga Prenatal y Embarazo Apoyo
Mientras que usted está embarazada, es importante para construir un fuerte sistema de apoyo. A menudo, este sistema de apoyo incluirá los amigos y la familia. Sin embargo, puede ser beneficiosa para expandir su sistema de apoyo para incluir a otras madres embarazadas. Al participar en una clase de yoga prenatal, se le da la oportunidad de conocer a otras mujeres embarazadas a las que puede compartir sus preocupaciones con.

Más importante, conocer a otras mujeres embarazadas le da la oportunidad de hablar con alguien que pasa con el embarazo.

Unirse a una clase de yoga prenatal
Hay muchos factores importantes a tener en cuenta a la hora de elegir a aprender yoga prenatal. La forma más segura es tomar una clase de yoga diseñada para las mujeres embarazadas (yoga prenatal). Es importante que usted busca clases impartidas por un instructor de yoga prenatal certificado, ya que están familiarizados con las posturas específicas para evitar y cuáles enfocar.

Lo que usted necesita saber
Recuerde que debe moderar su rutina de yoga a unos 30 minutos y nunca se exija. El yoga es un medio para relajarse, así que no hay razón para empujar a sí mismo, que no es seguro o saludable para una madre que espera.

Si bien hay muchos beneficios para el yoga, es importante recordar que no todo el yoga es seguro para las mujeres embarazadas. Yoga, como Bikram, y otras prácticas de yoga que requieren un ambiente caliente, no son seguros para la madre de espera. Hacer esas formas calientes del yoga puede causar hipertermia.

Cualquier poses en la que usted se recuesta sobre su espalda, o requieren una gran cantidad de estiramiento abdominal, tampoco se recomienda para las mujeres embarazadas. Además, las mujeres que están en riesgo de parto prematuro no son recomendables para practicar yoga prenatal. Es importante consultar a su médico antes de comenzar el yoga prenatal.

 

Fuente: https://americanpregnancy.org/es/pregnancy-health/prenatal-yoga/
PROTECTIA | 26 septiembre, 2019

Para comer bien durante el embarazo no solo se tiene que aumentar un poco la cantidad de lo que comes, sino prestar especial atención a lo que ingieres. No hay que comer menos para no engordar, simplemente tener cuidado con las cantidades y los alimentos que comemos.

Durante el embarazo la mujer presta especial atención a su salud, ya que esta revierte directamente en el desarrollo del bebé en el útero materno. La alimentación es clave en el embarazo y sabemos que todos los alimentos que se consumen contribuyen al desarrollo y crecimiento del bebé.

Sabemos que alrededor de la alimentación de la embarazada circulan multitud de mitos y leyendas pero hay también grandes verdades a las que se debe prestar atención. Una de ellas es que tanto la obesidad como la delgadez extrema provocan embarazos de riesgo, es por eso que la embarazada debe cuidar lo que come y de qué manera lo hace debido a que esto revierte directamente en la salud del bebé.

¿Cuántas veces te has preguntado por qué se engorda en el embarazo tanto?

Se puede llegar a engordar de 9 a 14 kg. sobre el peso inicial, y el 95 por ciento de los recién nacidos pesan sólo entre 2.500 y 4.500 gramos, ¿cómo es posible?

El aumento de peso depende mucho de cada embarazada. Si empiezas el embarazo con sobrepeso, el ginecólogo controlará más tu evolución, por lo que puede que engordes menos. Si tienes tendencia a retener líquidos aumentarás más de peso, y lo mismo sucede si vas a tener mellizos o trillizos.

De estos kilos, el feto acapara entre 3 y 4. El resto se debe a la retención de líquidos por el organismo y al incremento del volumen de sangre, al crecimiento de los pechos, a la placenta, el líquido amniótico, el útero y las reservas de grasa, proteínas y sustancias nutritivas por parte de la madre. Dicho esto y, lejos de entrar en pánico, la alimentación en el embarazo debe ser equilibrada, variada y aportar todos los nutrientes necesarios para el desarrollo del bebé

Cuánto se engorda en el embarazo, mes a mes

El aumento de peso es progresivo, es decir, depende del trimestre en el que te encuentres. En el primer trimestre puedes no engordar nada (sobre todo si tienes náuseas o pierdes el apetito) o engordar un kilo o dos.

A partir de ese momento, el aumento idóneo es de un kilo y medio por mes. Lo normal es un incremento de 9 a 14 kilogramos a lo largo de los nueve meses.

Es importante que esos kilos que irás cogiendo no provengan de calorías vacías, sino de alimentos ricos en los nutrientes que tu bebé necesita para crecer.

El truco está en comer sano y en cantidades normales, manteniendo –o estableciendo si aún no lo hicieras- las 5 comidas al día, sin saltarse ninguna. Evitar el picoteo y comer más frutas y verduras también es importante.

 

Fuente: www.serpadres.es
PROTECTIA | 26 septiembre, 2019

Cuando sientes las primeras pataditas del bebé es un momento único que recordarás toda tu vida. Te contamos un montón de cosas que seguramente no sepas sobre ellas para que a partir de ahora, las disfrutes todavía más.

¿Cuándo se empiezan a notar?
Si ya has tenido algún embarazo, puede que hacia la semana 20. Si no, hacia la semana 24. Eso sí, a partir de esa primera vez las notarás a diario.

¿Mi estado de ánimo influye en sus patadas?
Varios estudios científicos establecen esta relación. Se ha comprobado que cuando la madre está enfadada, nerviosa o alterada, o si recibe una fuerte impresión o un disgusto, el feto comienza a agitarse y a dar patadas con mayor intensidad, debido a que la adrenalina que ella está generando le llega a través del cordón umbilical y actúa en él como un estimulante.

¿Al final aumentarán su intensidad?
No, todo lo contrario. “Las pataditas a los 5 o 6 meses son más enérgicas, porque el espacio que tiene el feto para darlas es mayor y el resultado es un golpe más seco y más brusco. En cambio, conforme el bebé va creciendo, las paredes del útero le envuelven y en vez de golpes secos son movimientos suaves, que tratan de empujar”, explica el doctor Pere Brescó.

¿Por qué indican que todo va bien?
Que el feto dé patadas es un excelente termómetro de su salud y bienestar. El doctor Brescó lo ilustra con un acertado símil: “Si ves a un niño sentado en el banco de un parque sin jugar, lo mejor es que lo lleves al médico porque algo le pasa. Si, en cambio, juega y corre, es que está estupendo”. Lo mismo ocurre en tu vientre: si el feto da patadas y volteretas y empuja las paredes del útero a menudo, es que todo va bien. Si no se mueve, si no “juega” ahí dentro, es que algo sucede.

¿Por qué refuerzan el vínculo con el bebé?
Porque estas pataditas te permiten sentir de una forma muy real que se trata de un ser vivo, que es un bebé que está creciendo dentro de ti, no una parte de tu cuerpo. “Notarlas se convierte en algo muy importante para la madre porque es la primera relación que tiene con la criatura”.

¿Cuándo son más intensos los movimientos del feto?
Los movimientos del bebé suelen ser más intensos cuando tú descansas tumbada en la cama o recostada en el sofá. En cambio suelen disminuir cuando estás en movimiento: tu vaivén lo mece y le adormece.
Por otra parte, los fetos suelen ser más activos entre las 10 de la noche y la 1 de la madrugada, que es el periodo en el que el nivel de azúcar en sangre está cambiando en el organismo materno.
Además, si cuando te tumbas el cuerpo de tu hijo queda alojado sobre tu columna, se sentirá muy incómodo y “protestará” para que cambies de postura. Por todas estas razones, lo habitual es que percibas más las pataditas por la noche.

¿Es normal que las patadas duelan?
Aunque no es lo habitual, los golpes bruscos de tu hijo te pueden llegar a molestar bastante, sobre todo si los recibes en las costillas o en el cuello del útero. “Cada madre va buscando la posición hasta que el niño deja de molestar”, dice el ginecólogo. En general, las mujeres delgadas tienden a notarlas más “porque su tejido adiposo es más fino”.

 

Fuente: www.crecerfeliz.es
PROTECTIA | 26 septiembre, 2019

Una dieta rica en folatos -y en ácido fólico- es fundamental para conseguir un adecuado aporte en esta vitamina, especialmente durante el embarazo, ya que ayuda a prevenir defectos congénitos en el bebé.

El ácido fólico es una vitamina perteneciente al grupo B, entre las que nos encontramos con vitaminas esenciales como la B1, B2, B3, B5, B6, B7 y B9. De hecho, el ácido fólico también puede ser conocida con el nombre de vitamina B9, y consiste en la forma sintética del folato (que es su forma natural, soluble en agua y que encontramos en muchos alimentos).

Cada célula de nuestro cuerpo necesita ácido fólico tanto para su crecimiento como para su desarrollo normal. Por ejemplo, ayuda al cuerpo a producir glóbulos rojos que transportan oxígeno desde los pulmones hasta todas las partes del organismo.

Y, además, tomar ácido fólico antes y durante el embarazo puede ayudar a prevenir defectos de nacimiento del cerebro y la columna vertebral, que médicamente se conocen como defectos del tubo neural (también llamados médicamente como ‘DTN’).

El tubo neural es una parte fundamental del bebé en desarrollo, el cual empieza a formarse desde la concepción. Luego, se convierte en el cerebro y en la médula espinal. Pero si no existe la suficiente cantidad de ácido fólico o vitamina B9, el tubo neural no se cierra correctamente, algo que ocurre en el primer mes de embarazo. Por ello es importante tener suficiente ácido fólico en el cuerpo antes de quedarse embarazada.

Se estima que los defectos del tubo neural afectan aproximadamente a entre 1.500 y 3.000 embarazos cada año en Estados Unidos. No obstante, tomar la suficiente cantidad de ácido fólico antes de producirse el embarazo ayuda a prevenir los defectos del tubo neural, en torno a un 70 por ciento aproximadamente.

Y, además, algunos estudios también han mostrado que esta vitamina puede ayudar igualmente a prevenir defectos cardíacos y defectos de nacimiento en la boca del bebé (paladar hendido y labio leporino).

Dado que al menos la mitad de todos los embarazos tienden a ser no planeados, muchos ginecólogos/as aconsejan a todas aquellas mujeres que pueden quedar embarazadas tomar ácido fólico todos los días, especialmente si no siguen ningún tipo de protección anticonceptiva. De esta forma, muchos de los casos de defectos del tubo neural que siguen ocurriendo hoy en día se evitarían.

¿Se puede obtener ácido fólico de los alimentos?

Cuando encontramos ácido fólico naturalmente en un alimento es conocido con el nombre de folato. Existen alimentos que, en realidad, se convierten en buenas fuentes de folato, como:

  • Legumbres. En especial lentejas, judías pintas y judías negras.
  • Verduras de hoja verde, como la lechuga romana y espinacas.
  • Espárragos.
  • Brócolis.
  • Frutas cítricas, como las naranjas, el pomelo o el kiwi.
  • Jugo de naranja.
  • Cacahuetes (debes evitarlos si padeces alergia al maní).

Aunque tomar un suplemento de ácido fólico es la mejor forma de asegurarte que aportas a tu cuerpo la cantidad recomendada diariamente de esta vitamina, lo cierto es que puedes obtenerlo también a partir de alimentos fortificados con ella.

¿Cuánto ácido fólico es necesario?

Para ayudar a prevenir los defectos del tubo neural en el bebé, es fundamental tomar antes del embarazo un suplemento vitamínico que aporte 400 mcg de ácido fólico diariamente. Los suplementos son productos que se toman para compensar el aporte de ciertos nutrientes de los cuales no se ingiere la suficiente cantidad a través de la alimentación.

Se recomienda tomar al menos 400 mcg de ácido fólico cada día durante 1 mes antes del embarazo y durante las primeras 12 semanas de gestación. Y un suplemento de ácido fólico puede ser desde un multivitamínico (que contiene muchas vitaminas y otros nutrientes que ayudan al cuerpo a mantenerlo saludable) a una vitamina prenatal (que incluye todos los nutrientes que la futura mamá necesita durante el embarazo), o bien un suplemento que solo contenga ácido fólico.

 

Fuente: www.serpadres.es
PROTECTIA | 26 septiembre, 2019

El embarazo es el período de gestación del feto humano cuya duración es de unas aproximadas 37 a 40 semanas y durante el cual se forman todos los tejidos que van desde la piel hacia adentro: tejido óseo, conectivo, graso, muscular, nervioso, etc.

Aún habiendo nacido a término, todos los cachorros humanos vienen a la vida de manera prematura, en estado de indefensión y de extrema dependencia de un otro que lo sostenga. Cualquier cachorro de otra especie nace con mayor estado de madurez que el ser humano, lo cual le brinda la posibilidad de desplazarse y poder seguir a su madre. Por razones evolutivas cuando el hombre adquirió la bipedestación se achicaron sus caderas y en consecuencia se acortó el tiempo de gestación, de hecho, la maduración cerebral humana se realiza en su mayor parte por fuera del útero materno.

Al período inmediatamente posterior al parto lo denominamos exogestación ya que durante este se realizará la mayor maduración del cerebro y, en consecuencia, de todo el ser humano. Además, una vez fuera del antro materno pero aún en vínculo estrecho entre la madre y el bebé, se formará el último tejido que es el psicológico.
Durante un largo proceso que denominamos crianza, el ser humano se va formando como ser social y psicológico.

Es justamente por estas características que lo denominamos exogestación, porque es un período de formación pero por fuera del cuerpo materno.

Para asegurarse que este proceso suceda de manera exitosa entre dos seres que todavía se desconocen y entre cuales aún no media la palabra, la naturaleza provoca en la madre reciente un estado de revolución hormonal, de gran sensibilidad emocional y de retiro de su libido de los objetos externos. Es decir, en estado de puerperio. El puerperio es el estado exclusivamente femenino que permite que la mujer se encuentre en total estado de disponibilidad para su nuevo bebé, para conocerlo y descifrarlo, para que éste se termine de desarrollar y se construya hacia el final de esta etapa, en un niño pequeño.

Por su parte, el bebé dispondrá de una gran inteligencia sensible que se irá desplegando en cada encuentro con su madre y le permitirá percibir el mundo a través de sus sentidos. La sensibilidad de un recién nacido es exquisita y le permite conectarse con su mamá de manera inmediata al nacimiento, oliéndola, escuchándola, mirándola y sintiendo su piel. Una mujer puérpera por un lado y un bebé hipersensible por otro, se encuentran en el proceso de exogestación.

Lo llamamos cuarto trimestre, ya que en los tres primeros meses posteriores al nacimiento, el bebé realizará grandes conquistas y a alta velocidad. Pensemos que el bebé deberá aprender en tiempo record quién lo alimentará, lo cuidará y lo calmará cuando la vida se le presente difícil. De todos modos, el período de exogestación se considera como un tiempo más prolongado que los primeros tres meses del recién nacido. Aún se debate si el final del mismo lo marca el momento en que el bebé adquiere cierta autonomía para alejarse del cuerpo de su madre de manera independiente y adquiere, de manera incipiente, la función simbólica. Esto suele suceder entre el primer año y medio y los dos años de vida.

Cada mujer es un ser complejo y todas diferentes entre sí. Existen diferentes planos del ser, es decir, somos un cuerpo, una mente, un espíritu, tenemos un psiquismo, una historia particular y al embarazarnos lo hacemos involucrando todos estos planos a la vez. No podemos pensar que una mujer está gestando al bebé solamente en su cuerpo e independientemente de los otros aspectos de su ser. Lo mismo sucede con el proceso del puerperio: cada mujer lo transitará de acuerdo a la estructura psíquica que ella haya adquirido a lo largo de su historia, de acuerdo a su vivencia corporal, de acuerdo a los sostenes emocionales que tenga y a su fantasmática con respecto a lo materno.

No podemos pensar que se darán las mismas condiciones para una madre soltera que para otra que esté en pareja, para una madre añosa que para una joven, para una primeriza que para una multípara. Lo que sí se repite para todas las mujeres, sean conscientes de ello o no, es una extrema sensibilidad necesaria para conectar con el nuevo bebé, un gran cambio hormonal a favor de que ella pueda amamantar y dormir de manera superficial en ritmo con su bebé. Estas características son, en parte, heredadas como bagaje genético en tanto las mujeres somos las hembras de los mamíferos humanos y, por otra parte, debido a la vivencia de nuestra historia personal.

La función materna tiene varios momentos que es importante diferenciar. Otro tanto sucede con la función paterna ya que ambas deberían ser solidarias entre sí, ir en una especie de baile acompasado con armoniosa alternancia de protagonismo entre sí.
Durante los dos primeros años de vida del bebé, yo diferencio dos momentos para cada una de las funciones. A partir del nacimiento la función materna es de sostén al cachorro humano: la nueva madre debe satisfacer todas las demandas del bebé que son del orden de lo vital. La mamá debe conocer a su bebé y ver sus necesidades, debe aprender a descifrar cómo las pide y qué necesita en cada llanto. Al principio, los bebés necesitan ser alimentados, cambiados, calmados, ayudados para dormirse y ser contenidos. Este primer tiempo en la función materna lo denominamos SOSTÉN.

Solidariamente con esta función, debería darse el primer tiempo en la función paterna que también es de SOSTÉN, pero esta vez hacia la madre, que está en inferioridad de condiciones psíquicas y físicas con respecto al varón debido al puerperio. Hay que armar una cadena de sostenes que permita la supervivencia del bebé.
Luego, en un segundo momento y cuando el bebé adquiere cierta autonomía física, la madre debe SOLTAR a ese bebé para que este vaya al encuentro con su padre, quien a su vez, debe venir a buscarlo para sacarlo del mundo materno y presentarle el mundo externo. Aquí, el padre le da acceso al niño al mundo social por fuera de la madre y le da el segundo nacimiento, que es el psicológico y social.

Las funciones parentales son indispensables para el saludable desarrollo humano y no pueden estar ausentes. Alguien debe asumirlas en tiempo y forma. Todos los padres y madres deben, en este sentido, “adoptar” a sus propios hijos, apropiarse de la paternidad y la maternidad para ese hijo que ha nacido. No nacemos padres, nos vamos construyendo en vivo y en directo al asumir estas funciones que nuestros hijos nos proponen al llegar y al crecer. En muchas ocasiones, las funciones no se cumplen de manera tan separada como aquí lo describo, sino que cada vez más encontramos que entre los dos participantes de las parejas hay una mezcla en las funciones que antes eran exclusivamente femeninas o masculinas. Hoy vemos muchos padres que hacen dormir a sus bebés, que los bañan, les cambian los pañales o les claman los dolores. También hay mamás que ponen más límites, que trabajan fuera de casa y comparten las funciones con sus parejas. No hay fórmulas mejores o peores, pero sí deben coexistir ambas funciones. Cuando no hay pareja, las funciones las puede cumplir una misma persona o se puede armar una red de sostén que reemplace la función del que está ausente.
Los padres adoptivos son claro ejemplo de que las funciones se aprenden y se asumen.

El encuentro entre cada bebé y cada mamá es único, diferente e irrepetible entre sí. Nunca una mujer es la misma para cada hijo que tenga, porque ella es diferente en cada momento y porque cada hijo es único. Lo fundamental es que el encuentro debe darse y para ello tiene que haber una madre disponible para conectarse con el hijo real que ha parido y no con el hijo que ella ha imaginado durante su embarazo. Al gestarse el cuerpo del bebé, también se va gestando un bebé imaginado por su madre que jamás coincide con el bebé real, el que nace con imperiosas necesidades a cubrir de inmediato, sin pausa y sin descanso. Algunas veces estos bebés vienen de manera prematura, otras veces con algunas patologías inesperadas o simplemente no es el bebé imaginado. El encuentro es siempre novedoso, de alta intensidad emocional y en consecuencia, difícil de procesar.

Siempre es bueno avisarles a los papás recientes es que criar a niños pequeños es altamente trabajoso y es un tiempo maravilloso para aprender a donar. Considero muy importante informar a los futuros padres para evitar que ellos se frustren o se sientan tan solos cuando llegan a sus casas solos con un bebé desconocido y muy necesitado.
Debido a que el proceso del embarazo es un tiempo de grandes idealizaciones, de imágenes que no suelen ser del todo reales y de esperanzas, suele ser muy difícil que los padres puedan escuchar el lado más complejo y trabajoso de esta historia, pero cada vez más encuentro que los padres están más capacitados.

Durante el tiempo en que la madre está puérpera, el padre debe sostenerla para que ella pueda sostener al bebé de ambos. Recordemos que entre la mujer y el varón hay una diferencia abismal respecto de la prestación del cuerpo en favor de la maternidad y la paternidad respectivamente, con lo cual, una vez el bebé afuera el padre puede mostrarse disponible para reemplazarla en lo que ella necesite. Un padre sostenedor entiende que por un tiempo el presta a su mujer y la pierde como compañera exclusiva porque la cede a su niño. Un buen compañero no reclama sexualmente a su mujer cuando ella no se encuentre disponible y se dispone en sintonía con su emocionalidad.
En un segundo tiempo, el padre corta la díada, recupera a su mujer como compañera y saca al niño de la díada para que quede en circulación dentro del mundo social.

No hay fechas determinantes que indiquen que se ha terminado el tiempo de díada entre la mamá y el bebé. No podemos determinar desde afuera cuándo una madre deja de estar puérpera ni podemos decidir arbitrariamente que una etapa está finalizada. Más bien debemos observar, acompañar y guiar al niño en su crecimiento ya que es él quien indicará con sus nuevas conquistas y la adquisición de habilidades cuando está listo para salir al mundo. A modo orientativo, sabemos que entre el años y medio y los dos años de vida un bebé comienza a ser un niño pequeño y entonces se encuentra disponible para hacer determinados cortes con su madre.

 

Fuente: www.embarazadas.com.ar
PROTECTIA | 26 septiembre, 2019

Los cursos de preparto tradicionales consisten en charlas donde se informa a la mamá sobre los cambios que ocurren durante el embarazo, el parto y el puerperio.

Qué es el curso de preparto

Los cursos de preparto tradicionales (los que ofrecen hospitales y maternidades cubiertos por obras sociales y prepagas) consisten en una serie de charlas (entre 6 y 8) donde se informa a la mamá sobre los cambios que ocurren durante el embarazo, el parto y el puerperio (posparto).

También se la ayuda con técnicas de respiración y relajación para el trabajo de preparto, y se le explica qué son los pujos, cómo amamantar y sus beneficios. Algunas propuestas incluyen también a los papás.

Cada día es más común, sin embargo, enriquecer esta actividad básica con opciones diversas que ayudan a preparar emocional y físicamente a la mamá para ese momento trascendental en su vida. Cada mujer puede (y debe) elegir libremente, de acuerdo a su gusto y necesidades, la modalidad de esa experiencia preparatoria para estar en contacto con su bebé.

El curso de preparto (también llamado psicoprofiláctico) se transforma así en un espacio para compartir vivencias del embarazo, para registrar los cambios que operan en el cuerpo, y para ponerse en contacto con conocimientos y emociones sobre sí misma que la prepararán para el momento del parto. Se trata de un ámbito para conectarse con su bebé e intercambiar experiencias, inquietudes, dudas y miedos con otras embarazadas.

Qué se enseña

Durante los encuentros se les explica a las futuras mamás qué son las contracciones y qué cambios provocan en el cuerpo de la mujer, para qué se producen y cómo transitar el dolor que provocan.

Los cursos tradicionales incluyen:

  • Nociones de anatomía y fisiología del aparato reproductor, cuáles son los síntomas del preparto y qué hacer ante su aparición.
  • Propuestas de ejercicios para el parto y el período dilatante: pérdida del tapón mucoso, rotura de bolsa, contracciones, posiciones, el rol del padre y la respiración.
  • Anestesia peridural, la episiotomía, los pujos y la recepción del recién nacido. Cuándo recurrir a la cesárea y a los fórceps.
  • Qué es el puerperio, los cambios corporales, los cuidados durante el período y cómo atravesarlo.
  • Lactancia: beneficios y posiciones para amamantar, y primera puesta al pecho.
  • Primeros cuidados del bebé.

Por qué es importante tomar el curso de preparto

Los especialistas coinciden al señalar que el curso de preparto constituye ante todo un espacio en el cual se le enseña a la mamá qué le va a suceder, para que esté ubicada en el momento del parto, para que pueda pensarlo y estar preparada.

Es fundamental para la mujer saber previamente qué le va a pasar. Conocer de antemano qué pasa durante el parto le da tranquilidad y le brinda la posibilidad de elegir. El “saber” le quita incertidumbre y le da seguridad.

Participación del padre en el curso

Es altamente recomendable que el papá tome también el curso de preparto. Su sola presencia en el parto le da tranquilidad a la mamá, por lo tanto tiene que estar preparado también. Para ellos la paternidad es un mundo nuevo que se les abre y en estas actividades prestan mucha atención, haciendo incluso más preguntas que las propias mamás.

Cuándo tomar el curso

Nuevamente hay que diferenciar entre la concepción tradicional de los médicos y la mirada más amplia sobre todo el cambio en la vida de la pareja con la llegada del bebé.

Generalmente los obstetras recetan el curso a partir de la semana 28.

Sin embargo, es necesario tomar en cuenta la situación emocional de cada mamá, sobre todo en lo que respecta a la ansiedad. Si la mujer embarazada está muy ansiosa es aconsejable tomar el curso antes. En estos casos, se puede iniciar la preparación a partir del cuarto mes.

Las nuevas opciones

Hoy existen variadas opciones y técnicas que preparan el cuerpo y las emociones y cada mamá puede sentirse a gusto en una o en otra. La preparación se ve enriquecida con la incorporación de nuevas disciplinas que se abren en algunos casos también a los futuros papás.

  • Abordaje corporal emotivo: se trata de encuentros con otras embarazadas, coordinados por parteras. Se trabaja desde el cuerpo y las emociones, a través del movimiento, el juego, la relajación hacia el encuentro de los propios recursos para el parto.
  • Gimnasia obstétrica: tiene como objetivos el estiramiento o la elongación del cuerpo, estimular la circulación sanguínea en los miembros inferiores, fortalecer los músculos de miembros, preparar la pelvis y el resto del cuerpo para el parto y la lactancia. Son ejercicios específicos para trabajar de forma integral cuerpo, mente y emociones.
  • Yoga: se focaliza sobre los cambios del cuerpo, abriendo, estirando y estimulando fundamentalmente la respiración y la relajación. Se trabaja a través de posturas, respiración, canto y meditación. El objetivo es enfocarse en el cuerpo y aquietar la mente.
  • Esferodinamia o fitball: es el trabajo con los fisiobalones (enormes pelotas inflables), que se utilizan en actividades lúdicas y favorecen el movimiento del cuerpo de la embarazada.
  • Natación: mejora el sistema cardiorrespiratorio y relaja las zonas más sobrecargadas durante el embarazo.
  • Masaje terapéutico: previene y alivia incomodidades corporales, corrige posturas y promueve un embarazo sin tensión. Ayuda a sobrellevar el dolor, favorece la relajación y agiliza el trabajo. El masaje en agua es una intensa vivencia emocional.
  • Eutonía: se trata de una disciplina que facilita el autoconocimiento. Ayuda a tomar conciencia del propio cuerpo y logra un equilibrio psicofísico. Aumenta la capacidad de reacción. Alivia tensiones y dolores. Mejora la postura corporal. Favorece el descanso y equilibra el tono físico. Despierta la sensibilidad y el sentido de alerta y aumenta la concentración. Da seguridad, estimula la reflexión y la elaboración de las experiencias vitales. Agudiza el sentido de la observación. Disipa el estrés. Esta actividad se inicia con una decisión de cambiar la conducta de retener por la de soltar.

 

Fuente: www.planetamama.com.ar
PROTECTIA | 25 septiembre, 2019

¿Qué es?

A veces en la gestación falla la implantación de la placenta (placentación), disminuyendo  el flujo sanguíneo, aumentando la presión arterial con pérdida de proteínas fundamentales por orina, proceso que se denomina Preeclampsia (PE). Esto puede tener consecuencias graves para la madre y el niño.

Causas

No se genera por un único motivo, sino que puede asociarse con diversos factores. Algunos de ellos pueden ser: inmunológicos, raciales, genéticos, cardiovasculares, obesidad, diabetes, resistencia a la insulina, etc.

¿Qué puedo sentir?

Muchas veces la mamá que tiene PE no se siente enferma. En otras ocasiones pueden darse síntomas como:

  • Hinchazón de manos, cara y ojos
  • Aumento de peso en un corto tiempo Cuando la PE es grave los síntomas son más específicos:
  • Dolores de cabeza que no desaparecen
  • Dolor abdominal derecho, debajo de las costillas, en el hombro derecho y/o en la vesícula biliar
  • Irritabilidad
  • Disminución de la diuresis
  • Nauseas
  • Etc.

Importancia de la detección

Una detección a tiempo de pacientes con potencialidad de desarrollar PE permite establecer un seguimiento y un tratamiento temprano evitando en la mayor parte de estos casos el desarrollo de complicaciones graves y previniendo la evolución de la misma hacia la eclampsia.Por ello se ha transformado en un importante objetivo en el cuidado de la salud materno fetal.

Cómo calcular el riesgo

A partir de los avances en el diagnóstico prenatal se pueden medir sustancias en sangre materna relacionadas con la placentación. Éste análisis sumado a la historia clínica de la mamá, la presión arterial y el Doppler de las arterias uterinas en la semana 12, permiten evaluar qué riesgo tiene cada embarazada de sufrir PE.

Debe entenderse que un riesgo elevado no significa que vaya a desarrollar PE con total certeza, pero indica la necesidad de un seguimiento más frecuente y específico. Los estudios mencionados permiten predecir la PE temprana (antes de las 34 semanas) en el 90% de los casos, y la PE tardía en el 60%

¿Puede prevenirse?

La aspirina en baja dosis desde la semana 12 de gestación permite disminuir la posibilidad de PE.

Sumado a ello se debe vigilar una adecuada ingesta de calcio.  La identificación de estos pacientes determina un seguimiento diferenciado que posibilita su detección temprana, controlando los efectos de la misma sobre el feto y la madre, con seguimiento clínico, ecográfico y de Doppler.

Así se logra un manejo adecuado, valorando cuál es el momento óptimo del nacimiento.

 

¿Cuáles son los riesgos?

Es la más grave y preocupante complicación del embarazo que puede afectar tanto a la madre como al feto. Se presenta en un 3 a un 6% de todos los embarazos y su frecuencia aumenta significativamente en las gestaciones múltiples, embarazos en edad materna avanzada, en mujeres diabéticas y en gestaciones con hipertensión arterial crónica. En casos graves puede evolucionar hacia una eclampsia, con la aparición de convulsiones y otras consecuencias severas.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que en Argentina es la segunda causa de mortalidad materna.

 

Por: José H. Ochoa

Director Médico Diagnus

PROTECTIA | 25 septiembre, 2019

El desarrollo del movimiento fetal en la primera y segunda mitad del embarazo ha sido ampliamente estudiado y bien documentado por ultrasonografía. 

Los movimientos fetales comienzan a ser visibles con ultrasonido entre la 7a y 8a semana de edad posmenstrual y pueden ser observados de manera consistente entre la 9a y 10a semana posmenstrual. 

Numerosos patrones de movimiento distintos  han sido descriptos en las primeras 15 semanas de gestación (sobresalto, movimientos generales, hipo, respiración, movimientos aislados de brazo o pierna, retroflexión / rotación aislada y anteflexión de la cabeza, movimientos de la mandíbula, succión y deglución, contacto mano-rostro, estiramiento, bostezo, rotación ), que se parecen mucho a los observados en recién nacidos prematuros y nacidos a término.(1)

           

Los avances recientes en la ecografía han demostrado que los bebés sonríen, lloran y pestañean dentro del útero. Si bien es un acto reflejo, la posibilidad de ver, luego de la semana 22, la sonrisa de un bebé dentro del vientre materno es un momento mágico.(9)

Los bebés menos frecuentemente sonríen en el periodo posparto y  durante las primeras semanas. Según Stuart Campbell, quien fuera referente mundial en medicina fetal, esto podría indicar la existencia tranquila y sin problemas del bebé en el útero y a la adaptación a un ambiente extrauterino nuevo y extraño.

Este mismo autor (7) encontró una correlación significativa entre los movimientos observados con ultrasonido y los registrados por el paciente, lo que dio lugar al control de los movimientos fetales mediante la percepción materna como indicativo de bienestar fetal. Sin embargo, más allá de la ansiedad que se puede generar, hay limitaciones ya que se perciben menos del 40% de los movimientos detectados por ultrasonido.(8)

Existe un periodo aparente de transición fetal entre las semanas 28 y 32 luego del cual se comienzan a manifestar los diferentes estados de comportamiento fetal. (2) Aunque no son idénticos con los estados  de los recién nacidos, estos se aproximan al sueño tranquilo, el sueño con movimientos oculares rápidos -sueño REM- , la vigilia inactiva y la vigilia activa.(3)  

A medida que el feto madura y se aproxima a la semana 36, los parámetros de estado (es decir, frecuencia cardíaca fetal, movimientos corporales y movimientos oculares) gradualmente comienzan a ciclar juntos.(3)  La frecuencia cardíaca se hace más lenta, pero tiene mayor variabilidad y mayor respuesta a la estimulación; los movimientos se reducen en frecuencia  pero son más vigorosos. (2)

Este desarrollo neuroconductual se considera como un reflejo de la integración en el desarrollo del sistema nervioso central.(3) A su vez la ausencia de integración entre la frecuencia cardíaca, el cuerpo y los movimientos oculares del ojo pueden indicar alteración  de los mecanismos de control regulados por el cerebro.(3) 

Hay evidencia de que la frecuencia cardíaca y las manifestaciones conductuales en el feto son comparables a las observadas en recién nacidos y niños. (11-13)  Además se ha demostrado una correlación significativa entre la duración del sueño tranquilo en el período fetal y el neonatal. También entre la actividad fetal y el temperamento tardío del bebé. (3)(5)(6)10)  

Un pregunta frecuente es si hay alguna diferencia entre los sexos.  Algunos autores describen mayor actividad de fetos con sexo masculino, aunque este hallazgo no es aceptado por todos los autores. (4-6)(10) 

 

Dr. José Ochoa

Director Médico de Diagnus SA

Docente de FMF LA y SAUMB

Ex Presidente de la SADIPT

Consultor de Medicina Fetal de Maternidad Nacional. UNC

Bibliografía
  1. de Vries JIP, Visser GHA, Prechtl HFR The emergence of fetal behaviour. I. Qualitative aspects. Early Human Development 1982; 7(3): 301-322.
  2. DiPietro JA, Hodgson DM, Costigan KA, Hilton SC, Johnson TRB Fetal neurobehavioral development. Child Development 1996ª; 67:2553–2567.
  3. DiPietro JA, Costigan KA, Pressman EK. Fetal state concordance predicts infant state regulation. Early Human Development. 2002; 68: 1–13
  4. Robles de Medina PG, Visser GHA, Huizink HC, Buitelaar JK, Mulder EJH.Fetal behaviour does not differ between boys and girls. Early Human Development. 2003; 73:17–26.
  5. Almli CR, Ball RH and Wheeler ME. Human fetal and neonatal movement patterns: Gender differences and fetal-to-neonatal continuity. Dev Psychobiol. 2001; 38:252-273.
  6. Campbell DW, Eaton WO. Sex differences in the activity level of infants. Infant and Child Development. 1999; 8:1-17.
  7. Gettinger A, Roberts AB, Campbell S. Comparison between subjective and ultrasound assessments of fetal movement. Br Med J. 1978; 2:88-90.
  8. Hijazi ZR, Callan SE and East CE. Maternal perception of foetal movement compared with movement detected by real-time ultrasound: an exploratory study. Aust N Z J Obstet Gynaecol. 2010; 50:144-147.
  9. Kawakami F, Yanaihara T. Smiles in the fetal period. Infant Behav Dev; 2012 35(3):466-471.
  10. Lee E. Ping H. Sex differences in fetal activity and childhood hyperactivity. Infant Behavior & Development 35 (2012) 466–471
  11. Groome LJ, Swiber MJ, Atterbury JL, Bentz LS, Holland SB. Similarities and differences in behavioral state organization during sleep periods in the perinatal infant before and after birth. Child Dev 1997; 68(1):1–11.
  12. Junge HD. Behavioral states and state related heart rate and motor activity patterns in the newborn infant and the fetus antepartum: a comparative study. J Perinatal Med 1979; 7:85–107.
  13. Pillai M, James D. Are the behavioural states of the newborn comparable to those of the fetus? Early Hum Dev 1990; 22:39–49.
PROTECTIA | 24 septiembre, 2019

Cada vez más, los médicos aconsejan la actividad física para llegar al parto en forma saludable. Esta necesidad de activar el cuerpo durante la gestación se ha intensificado más en los últimos tiempos por innumerables factores, como la tendencia general al sedentarismo, exceso de trabajo, menos descanso, estrés, por mencionar algunos factores.

Hacer ejercicio es lo más natural, excepto que por alguna razón particular el médico indique reposo. Pero si todo va bien, podrá elegir entre varios tipos de ejercicios a partir de las 12 semanas.
Lo ideal es que durante el embarazo la mamá sea supervisada por especialistas para que le indiquen qué actividades puede hacer y qué no. Si habitualmente hace actividad, ¡no hay problema! Seguramente su cuerpo se lo seguirá pidiendo y se sentirá en condiciones. Y si ha estado un poco sedentaria, bueno, es tiempo de activarse. 

Hay diferentes tipos de gimnasia y de diferentes niveles de exigencia. El ejercicio es sano tanto para la mamá como para el bebé.
¿Por qué es bueno? Principalmente porque el parto tiene una gran demanda física y si se trabajan correctamente los grupos musculares comprometidos, el cuerpo tendrá la resistencia necesaria para afrontar dicha exigencia. Además, hay varios factores químicos que se activan. La circulación sanguínea mejora con el ejercicio llevando oxígeno a todo el cuerpo. Como podemos imaginar, esta oxigenación beneficia directamente al bebé.
También es bueno para esos insoportables dolores de espalda, o para las articulaciones ya que se activa el líquido sinovial que actúa como lubricante. También evita la retención de líquido, mejora la presión arterial, previene y controla la  diabetes gestacional, mejora la postura y ayuda a dormir mejor, ya que los niveles de ansiedad bajan. El ejercicio aumenta el nivel de energía y genera bienestar al liberar endorfinas. Si, esto también lo siente el bebé. Muchas madres lo habrán notado.
Podríamos estar hablando de este tema durante horas, ya que la ciencia descubre nuevos beneficios a diario y universidades de diferentes ciudades del mundo muestran nuevos estudios que aportan pruebas más que contundentes en favor del  ejercicio en el embarazo.
Si nos basamos puramente en lo empírico y tomando un caso local, podríamos ver lo que sucede diariamente en Natale, un espacio creado para que futuras mamás se preparen físicamente realizando diferentes actividades. Es notable ver el efecto en la condición física y anímica de las mujeres que allí se entrenan, optando por las modalidades que más se adaptan a sus requerimientos: Entrenamiento Funcional, Yoga, Pilates Mat y caminatas aeróbicas.
Natale es el primer gimnasio para embarazadas de Córdoba y además acompaña a mamás en toda su experiencia de embarazo, dictando también Cursos de Preparación al Parto y talleres complementarios desde hace 25 años. Un espacio para encontrar el asesoramiento indicado en cualquier etapa de la gestación.
PROTECTIA | 6 septiembre, 2019

La actividad física y el ejercicio durante el embarazo pueden ser beneficiosos, siempre que se practiquen con moderación, de forma regular y sencilla.

Durante el embarazo el organismo de la mujer sufre una serie de adaptaciones a nivel cardiovascular, hormonal, músculo-esquelético, respiratorio… con el fin de crear un ambiente óptimo para el desarrollo del feto. Estos cambios van a condicionar en gran medida el tipo y la intensidad del ejercicio que se puede realizar durante la gestación.

Las mujeres que ya practicaban algún deporte pueden seguir haciéndolo siempre que no se intensifique el esfuerzo, que este deporte no sea de los contraindicados y que no se padezca alguna patología. Sin embargo, para aquellas mujeres con hábito sedentario no es el mejor momento para iniciarse en la práctica de deporte, siendo lo más recomendable en estos casos habituarse a caminar media hora diaria.

La práctica de ejercicio aumentará el bienestar físico y psicológico de la madre, y le ayudará a encontrarse más activa, con un cuerpo más flexible y en forma. Además mejorará la circulación y aumentará la resistencia, facilitando el no ganar más peso del recomendado y favorecerá la prevención del estreñimiento.

Pese a todos estos beneficios y a que no existen estudios que demuestren que la actividad física sea peligrosa para la madre o el feto, también se debe conocer que tampoco existe ningún estudio que haya demostrado su total inocuidad para toda la gestación o en todos los casos, por lo que siempre es importante comentar con el médico que controla el embarazo las prácticas deportivas que se siguen.

¿Qué deporte elegir?

Durante la gestación pueden practicarse aquellos deportes que no impliquen un esfuerzo intenso o movimientos bruscos, como por ejemplo el golf, la marcha o la natación. El golf y la marcha, facilitan la circulación sanguínea y la digestión con lo que contribuyen a prevenir el estreñimiento. La natación es un deporte en el que se ejercitan muchos grupos musculares, favorece la circulación y tiene un importante efecto relajante. Deben evitarse los saltos de zambullida y el submarinismo, que están contraindicados, y controlar que la temperatura del agua sea excesivamente caliente.

El baile y la danza pueden practicarse siempre que no se trate de ritmos demasiados rápidos y bruscos y se realicen movimientos suaves. También algunos deportes como el ciclismo, el remo o la gimnasia rítmica pueden practicarse sin problemas con moderación durante la primera mitad del embarazo.

Caminar a buen ritmo, como antes hemos mencionado, es una excelente alternativa para aquellas mujeres que desean mantenerse en forma sin demasiado esfuerzo o que no hayan practicado deporte con anterioridad.

¿Qué recomendaciones deben seguirse a la hora de realizar ejercicio?

  • Lo más importante es que la actividad física sea amena y segura.
  • No olvidar hacer ejercicios de calentamiento.
  • Utilizar ropa cómoda y sujetadores adecuados.
  • Evitar los ambientes húmedos y el exceso de calor.
  • Es preferible una actividad regular 3 ó 4 veces por semana que un ejercicio físico intenso y discontinuo.
  • No hay que llegar a cansarse, ni superar los 130-140 latidos por minuto. Un buen método para valorar el cansancio es comprobar si se puede hablar durante el ejercicio sin que falte el aire.
  • No forzarse, hay que tener en cuenta que durante la gestación disminuye la resistencia y la coordinación y aumenta la laxitud articular por lo que existe un mayor riesgo de lesiones.
  • Evitar aquellos ejercicios que deban realizarse estirada boca arriba, ya que esta posición dificulta el retorno venoso y puede provocar mareos.
  • Hidratarse correctamente durante y después del ejercicio.

¿Qué deportes deben evitarse?
Existen deportes que o por exigir un esfuerzo corporal excesivo o por el riesgo de traumatismo que comporta su práctica están contraindicados en el embarazo, tales como:

  • Deportes con alto riesgo de traumatismo abdominal (automovilismo, esquí alpino, esquí náutico, patinaje, equitación, salto de trampolín…).
  • Aeróbic u otros tipos de gimnasia realizados con intensidad.
  • Submarinismo por el riesgo de embolismo por dióxido de carbono y efectos teratogénicos para el feto.
  • Deportes competitivos o de contacto.

¿Cuándo está contraindicado el ejercicio físico durante el embarazo?
El ejercicio físico está contraindicado en las siguientes situaciones:

  • Enfermedades cardiacas o respiratorias graves.
  • Hemorragia genital.
  • Incompetencia cervical.
  • Rotura prematura de la bolsa de las aguas.
  • Crecimiento fetal retardado.
  • Enfermedad hipertensiva grave.
  • En todos los casos en que el médico lo desaconseje.

Conclusiones
Un programa de actividad física bien estructurado y acompañado de una nutrición adecuada puede tener efectos positivos sobre la salud materno-fetal durante el embarazo e incluso beneficios para la madre en el momento del parto, por lo que no debe renunciarse a su práctica.

Por lo tanto, si la mujer practicaba con anterioridad deporte antes de la gestación puede seguir practicándolo con moderación y control médico. También si antes no se practicaba ningún tipo de deporte, el embarazo es un buen momento para iniciarse con mesura en hábitos de ejercicio saludables.