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Novedades Científicas

PROTECTIA | 17 octubre, 2018

Científicos del Instituto de Investigación del Sida IrsiCaixa de Barcelona y del Hospital Gregorio Marañón de Madrid lograron que seis pacientes infectados por el VIH hayan eliminado el virus de su sangre y tejidos tras ser sometidos a trasplantes de células madre.

 La investigación, que publica este lunes la revista Annals of Internal Medicine, confirmó que los seis pacientes que recibieron un trasplante de células madre tienen el virus indetectable en sangre y tejidos e incluso uno de ellos ni siquiera tiene anticuerpos, lo que indica que el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) podría haber sido eliminado de su cuerpo.

Los pacientes mantienen el tratamiento antirretroviral, pero los investigadores creen que la procedencia de las células madre –de cordón umbilical y médula ósea–, así como el tiempo transcurrido para lograr el reemplazo completo de las células receptoras por las del donante –18 meses en uno de los casos– podrían haber contribuido a una potencial desaparición del VIH, lo que abre la puerta a diseñar nuevos tratamientos para curar el Sida.

La investigadora del IrsiCaixa María Salgado, coprimera autora del artículo, junto con Mi Kwon, hematóloga del Hospital Gregorio Marañón, explicó que el motivo de que actualmente los fármacos no curen la infección por el VIH es el reservorio viral, formado por células infectadas por el virus que permanecen en estado latente y no pueden ser detectadas ni destruidas por el sistema inmunitario.

Este estudio señaló ciertos factores asociados con el trasplante de células madre que podrían contribuir a eliminar este reservorio del cuerpo.

Hasta ahora, el trasplante de células madre se recomienda exclusivamente para tratar enfermedades hematológicas graves.

El estudio se basó en el caso del Paciente de Berlín: Timothy Brown, una persona con VIH, que en 2008 se sometió a un trasplante de células madre para tratar una leucemia.

El donante tenía una mutación llamada CCR5 Delta 32 que hacía que sus células sanguíneas fueran inmunes al VIH, ya que evita la entrada del virus en ellas.

Brown dejó de tomar la medicación antirretroviral y actualmente, 11 años después, el virus sigue sin aparecer en su sangre, con lo que se le considera la única persona en el mundo curada del VIH.

Desde entonces, los científicos investigan posibles mecanismos de erradicación del VIH asociados con el trasplante de células madre.

Para ello, el consorcio IciStem creó una cohorte única en el mundo de personas infectadas por el VIH que se sometieron a un trasplante para curar una enfermedad hematológica, con el objetivo final de diseñar nuevas estrategias de cura.

“Nuestra hipótesis era que, además de la mutación CCR5 Delta 32, otros mecanismos asociados con el trasplante influyeron en la erradicación del VIH en Timothy Brown”, ha señalado Salgado.

El estudio incluyó a seis participantes que habían sobrevivido al menos dos años después de recibir el trasplante, y todos los donantes carecían de la mutación CCR5 Delta 32 en sus células.

“Seleccionamos estos casos porque queríamos centrarnos en las otras posibles causas que podrían contribuir a eliminar el virus”, ha detallado Mi Kwon.

Tras el trasplante, todos los participantes mantuvieron el tratamiento antirretroviral y lograron la remisión de su enfermedad hematológica tras la retirada de los fármacos inmunosupresores.

Tras diversos análisis, los investigadores vieron que 5 de ellos presentaban un reservorio indetectable en sangre y tejidos, y que en el sexto los anticuerpos virales habían desaparecido completamente 7 años después del trasplante.

Según Salgado, “este hecho podría ser una prueba de que el VIH ya no está en su sangre, pero esto solo se puede confirmar parando el tratamiento y comprobando si el virus reaparece o no”.

El único participante con un reservorio de VIH detectable recibió un trasplante de sangre de cordón umbilical –el resto fue de médula ósea– y tardó 18 meses en reemplazar todas sus células por las células del donante.

El siguiente paso será hacer un ensayo clínico, controlado por médicos e investigadores, para interrumpir la medicación antirretroviral en algunos de estos pacientes y suministrarles nuevas inmunoterapias para comprobar si hay rebote viral y confirmar si el virus ha sido erradicado del organismo.

Fuente: EFE

PROTECTIA | 17 octubre, 2018

El primer marcapasos externo, creado por Jorge Reynolds, ha salvado la vida a 83 millones de personas. Ya trabaja en un nuevo dispositivo.

Muy pocos pueden presumir de haber salvado la vida de más de 80 millones de personas. Jorge Reynolds Pombo (Bogotá, 1936), el creador hace 60 años del marcapasos externo, es uno de ellos. A sus 82 años aún se mantiene activo y trabaja en el desarrollo de un nanomarcapasos que funcionará con los propios impulsos eléctricos del corazón. Estos días está en Galicia para participar en una intensa semana de actos conmemorativos por el nacimiento de su antepasado Francisco José de Caldas, hijo adoptivo de la localidad gallega y conocido en Colombia como el Sabio Caldas. Fue científico, como su descendiente, pero también una de las figuras clave en la independencia de Colombia.

-Viene a Galicia por el homenaje a su antepasado. ¿La conocía?

-No. He estado muchas veces en España, pero no en Galicia. Es una zona lindísima y encantadora y cuna de mi antepasado, así que para mi también tiene un gran valor sentimental.

-Usted es ingeniero de formación. ¿Qué fue lo que le llevó a inventar el marcapasos externo?

-Por casualidades de la vida entré a trabajar en una clínica donde había pacientes cardiológicos con problemas de arritmias y el corazón es un sistema totalmente eléctrico. Su funcionamiento se debe a la electricidad que producimos en el cuerpo por medio de los alimentos. Por deficiencias de este sistema se crean las arritmias y algunas son totalmente mortales y no hay manera de controlarlas con medicamentos. La única solución pasaba por marcapasos que fueran generadores de pulsos artificiales eléctricos. Y esto es lo que me llevó a la creación del marcapasos externo, el primero que se implantó a un ser humano.

-Mucho ha cambiado el original de los actuales.

-Sí, ese primer marcapasos pesaba 60 kilos y funcionaba con una batería de automóvil. La invención del transistor lo cambió totalmente e hizo posible que fueran implantables.

-Ha salvado la vida de 80 millones de personas…

-{Corrige, sin dejar acabar la pregunta}. A 83 millones

-¿Es consciente de lo que hizo?

-Hoy en día sí lo soy. Antes me parecía muy importante, pero hoy me siento muy orgulloso de haber puesto un grano de arena dentro de la medicina y de aumentar la longevidad de los pacientes, que antes no tenían una solución y se morían.

-Ahora trabaja en el nanomarcasos. ¿Puede explicarlo?

-Tiene un circuito muy pequeño, la cuarta parte de un grano de arroz, en el que se aloja todo el sistema. Y la misma contracción del corazón produce la corriente para su funcionamiento. Este nuevo marcapasos se implanta en una cirugía de un cuarto de hora y es totalmente ambulatoria. Además, el médico desde su teléfono celular puede ver el funcionamiento en cualquier parte donde se encuentre el paciente y puede cambiar los parámetros si es necesario.

-¿En qué fase se encuentra?

-Ya estamos listos para hacer el primer implante en humanos. Hemos hechos muchos ensayos en tejidos vivos y estamos esperando que nos den el permiso de implantación en el primer humano en Estados Unidos. Será un marcapasos mucho más pequeño, más confiable, con un traumatismo menor para el paciente y menos costoso.

-¿El corazón artificial es el futuro en cardiología o solo un paso antes de llegar a la regeneración del órgano dañado con células madre?

-El corazón artificial es algo intermedio, como el trasplante. Pero todo parece indicar que el futuro va hacia la regeneración del sistema muscular y eléctrico del corazón por medio de células madre.

-Se ve aún lejano.

-No. Se ha experimentado ya lo suficiente y está en la etapa de esperar los permisos para hacer las primeras regeneraciones de tejidos en corazones humanos.

-Sí, pero regenerar un órgano completo son palabras mayores.

 -Pero sí se puede regenerar un corazón completo con células madre, es el futuro. Ya existe la experiencia con corazones de cerdo, con más de 300 en los que se les creó un corazón completo en 90 días a partir de células madre. Y fueron trasplantados con éxito en el 85 % de los casos.
Fuente: lavozdelgalicia.es
PROTECTIA | 26 septiembre, 2018

Cuando Matthew Farrow tenía 5 años recibió el primer trasplante de cordón umbilical del mundo con el objetivo de tratarlo por Anemia de Fanconi.

El milagro ocurrió el 6 de octubre de 1988 y este evento médico pionero fue un verdadero esfuerzo de cooperación internacional. Matthew fue diagnosticado en su ciudad natal en Estados Unidos y su donante fue su hermana recién nacida. El científico norteamericano que guardó la muestra de células madre fue el Dr. Hal Broxmeyer, y el trasplante se realizó en el hospital francés Hôpital Saint-Louis en Paris, donde su médica tratante fue la Dra. Eliane Gluckman.

Matthew tiene 35 años está casado y es padre de un hermoso niño. Hoy siente que tiene que contar su historia para crear conciencia y comprensión sobre la importancia de la guarda de células madre que, según comenta, aún no es tratada con la seriedad que debería.

Durante la conferencia Cord Blood Connect dio una charla muy emocionante, les compartimos sus palabras.

Ha sido un viaje muy emocionante para mí y toda mi familia, el solo hecho de haber tenido la posibilidad de una segunda oportunidad de vivir cuando aún era un niño nos regaló 30 años de tiempo compartido juntos. Cuando fui diagnosticado mis padres no bajaron los brazos, se habían propuesto a encontrar alguna esperanza. Fue en un momento donde aún no existía el internet y no había como buscar. Pero mi mamá era enfermera y por la gracia de Dios se enteró que en la universidad de Duke estaba este procedimiento que era altamente experimental pero que permitió poner a nuestra familia al servicio de este milagro médico. Miro atrás y me doy cuenta de que muchas familias han sido tocadas gracias a las elecciones y el sacrificio que hizo mi familia. Y gracias al sacrificio y al tiempo de estos dedicados médicos y científicos que hoy se encuentran en la sala. Ellos, que han cambiado la manera en pensar la medicina, y la manera en que se hacían las cosas y que aún hoy continúan haciéndolo. Hoy me encuentro aquí frente a ustedes agradecido por estos 30 años y deseando poder compartir 30 años más”.

PROTECTIA | 25 septiembre, 2018

David Hall tiene 70 años, es obstetra retirado y después de una carrera en la que desechó más de 5.000 cordones umbilicales jamás se hubiera imaginado que el trasplante de sangre de cordón sería la única opción posible para salvar su vida.

Él era una persona muy activa pero en 2012 sintió desmejorado su rendimiento físico. En noviembre visitó al Dr. Chris Agner quien le diagnosticó Leucemia Mieloide Aguda y su vida cambió definitivamente.

Después de las fiestas David ingresó al Baptist Medical Center por siete semanas sobrellevando dos rondas de quimioterapia, seguidas por cinco meses de terapia adicional. “Comenzó siendo un tratamiento muy intenso que luego sería peor”.

Una búsqueda en la base de donadores de médula ósea internacional arrojó que entre 27 millones de posibles donantes él no era compatible con ninguno y debido a que el tratamiento de quimioterapia había sido tan agresivo David no tenía posibilidades de volver a reactivar su propio sistema inmune. David tenía un conteo total de glóbulos blancos de menos de 100 (lo normal es de 5.000 a 10.000). Por lo que el trasplante era absolutamente necesario.

En mayo de 2013 David fue admitido en el Centro médico de la Universidad de Duke donde le dijeron que tendría su trasplante, aunque ligeramente diferente a lo que él se había imaginado. Me dijeron que mi única y mejor opción era un trasplante de dos unidades de sangre de cordón, pero no tenía idea que este milagro empezaría tan cerca de casa” dijo haciendo referencia a sus 33 años en la profesión. Habían encontrado dos muestras compatibles de sangre de cordón umbilical donadas por dos generosas familias de Estados Unidos. Se sometió a 10 días de radiación para dejar su sistema inmune en cero y poder aceptar la donación.

Pensé que estaba salvado, pero nada es tan simple como parece”, dice y agrega “esa mañana del 29 de mayo de 2013 en que debía someterme al trasplante caí en coma debido a un shock séptico solo segundos después de que la primera unidad fuese descongelada”. No se podía volver atrás y esto puso a sus doctores ante una encrucijada. Decidieron finalmente realizar el trasplante junto a una alta dosis de esteroides y antibióticos y para el momento en que comenzaron a trasfundir la segunda bolsa David estaba sentado en la cama riendo. “Fue volver a nacer” dice, rememorando con alegría ese momento.

Ahora siento que debo crear conciencia entre los ginecólogos y obstetras porque puedo hablarles como un par, pero un par que también desconocía la importancia de no desechar las células madre” David Hall se ha retirado de la medicina y ahora trabaja para BeTheMatch.org como consejero para familias y pacientes con cáncer y se encarga de capacitar a médicos y enfermeras sobre el valor de no tirar este recurso y sobre cómo mejorar sus recolecciones.

También da charlas para crear conciencia para escuelas de medicinas y familias de todo el mundo. Y apoya a centros de investigación con células madre, pero agrega que “sin la ayuda y el compromiso de los obstetras nada de esto sería posible. Nuestros mejores recursos son las personas que trabajan en las clínicas y hospitales: Los médicos, enfermeras, instrumentistas y educadores de parto -que serían algo así como los cursos de preparto de Argentina-” y agrega, “ellos tienen la oportunidad de dar vida dos veces, la primera al recibir al recién nacido y la segunda al recolectar la sangre de cordón umbilical”.

PROTECTIA | 11 septiembre, 2018

Investigadores del Centro de Biociencias Regenerativas de la Universidad de Georgia, en Estados Unidos, han logrado reproducir los efectos de la lesión cerebral traumática y estimular por primera vez la recuperación en células neuronales cultivadas a partir de células madre en una placa de Petri en laboratorio, según han publicado en ‘Nature Scientific Reports’.

 A diferencia de otras células en el cuerpo, la mayoría de las neuronas del sistema nervioso central no se pueden reparar ni renovarse. Utilizando un agente llamado glutamato, que se libera en grandes cantidades en el cerebro después de una lesión traumática, el equipo de investigación registró una interrupción similar a la conmoción cerebral de la actividad neuronal en un plato de Petri que contiene docenas de electrodos diminutos. A través de estas grabaciones, posteriormente evaluaron la actividad e influyeron en la recuperación mediante estimulación eléctrica.

“Una vez que las neuronas alcanzan un cierto nivel de densidad en el plato, comienzas a ver lo que llamamos actividad sincrónica de una manera muy oportuna –detalla el autor principal Lohitash Karumbaiah, profesor asistente en el Departamento de Ciencias Agrícolas y Ambientales de la Universidad de Georgia–. Saber que podíamos recrear la actividad sincronizada y cerebral en un plato nos dio el impulso para preguntarno: ‘¿Qué pasa si alteramos este ritmo y cómo podemos recuperarnos de algo así?'”.

En 2015, la Administración de Alimentos y Fármacos de Estados Unidos (FDA por sus siglas en inglés), aprobó el primer dispositivo de estimulación cerebral profunda, un casquillo de estimulación eléctrica que los pacientes usan continuamente, para el tratamiento de la enfermedad de Parkinson.

Karumbaiah y su equipo esperan que la estimulación eléctrica sea un abordaje clínicamente traducible para la recuperación de una lesión cerebral traumática o TBI. El siguiente paso, ha añadido, es conectarse con colaboradores externos para adaptar enfoques de estimulación eléctrica con biomateriales que puedan explotar la neuroplasticidad.

Tales tratamientos podrían ser muy beneficiosos, por ejemplo, para los veteranos de guerra, muchos de los cuales sufren de lesiones cerebrales debido a las ondas de choque producidas por las explosiones, sin un punto focal físico de lesión. “Perforar el cerebro al azar para acceder al tejido en tales casos no tiene sentido –explica Karumbaiah–pero un dispositivo portátil que puede administrar niveles bastante controlados de estimulación eléctrica relevante puede ayudar a estos pacientes”.

Maysam Ghovanloo, profesor de ingeniería eléctrica e informática en el Instituto de Tecnología de Georgia y coautor del estudio, ha liderado el desarrollo del ‘Tongue Drive System’, que permite a las personas con lesiones de la médula espinal controlar su silla de ruedas o dispositivos digitales moviendo la lengua. También ha desarrollado tecnologías para interfaces neurales y dispositivos médicos implantables. Ghovanloo pondrá su experiencia en instrumentación médica para trabajar en el desarrollo de dispositivos para los estudios preclínicos del equipo.

“Hemos desarrollado un enfoque único para observar y guiar los patrones de estimulación en el cerebro en múltiples niveles, desde neuronas individuales hasta el tejido neuronal y, finalmente, todo el cerebro –detalla Ghovanloo–. Todo teniendo en cuenta el comportamiento animal para aplicar de manera oportunista la estimulación cuando son más efectivos”.

Según Karumbaiah y Ghovanloo, los dispositivos de estimulación eléctrica, ya sean diseñados para la implantación o el uso portátil, deben ser pequeños y de bajo consumo. Creen que su enfoque será clínicamente práctico porque el diseño inteligente y la aplicación de regímenes estimulantes pueden reducir significativamente el consumo de energía.

“Debido a que hemos estado grabando estas neuronas durante mucho tiempo, sabemos cuál es la magnitud de los pulsos o actividades de estas neuronas –relata Charles-Francois Latchoumane, un investigador postdoctoral en el laboratorio de Karumbaiah–. Ahora podemos imitar esas rutinas programándolas externamente y alimentándolas nuevamente al cerebro”.

Fuente: https://www.bolsamania.com
PROTECTIA | 11 septiembre, 2018

El ictus es la segunda causa de muerte en España y, aunque las terapias han avanzado, solo unos pocos logran beneficiarse, por lo que este estudio explora otras formas de paliar los efectos.

Profesionales sanitarios de Albacete van a iniciar un proyecto de investigación que pretende medir la capacidad de autotrasplante de células madre hematopoyéticas para evitar la muerte celular programada en los pacientes que han sufrido un infarto cerebralreciente y con un área de lesión importante.

El estudio ha obtenido financiación por parte del Instituto de Salud Carlos III y  busca aprovechar la capacidad del Laboratorio de Investigación en Neurología del Hospital General Universitario de Albacete para aislar y detectar cuerpos apoptóticos cerebrales circulantes en el suero de los pacientes, de modo que funcionen como nuevos biomarcadores de respuesta terapéutica neuroprotectora en ictus isquémico.

Si el proyecto de los albaceteños tiene éxito confirmará el mecanismo de la acción protectora del trasplante de células en el ictus y dotará a la comunidad científica de un medio válido para monitorizar el valor de otras posibles estrategias de neuro-protección en esta enfermedad.

El ictus es la segunda causa de muerte en España

El investigador principal de este proyecto es el jefe del Servicio de Neurología del Complejo Hospitalario Universitario de Albacete, Tomás Segura, y ha señalado que el ictus es uno de los principales problemas de salud de los países desarrollados.

En España representa la segunda causa global de muerte en la población y la primera causa de discapacidad de los adultos. Su atención sanitaria supone un elevado coste y crea una “enorme limitación en la calidad de vida de los pacientes afectados y sus cuidadores”, ha afirmado Segura.

Avance en las terapias

En los últimos 15 años las terapias que ayudan a reducir los efectos del ictus han evolucionado, hoy en día pueden recuperar parte de la permeabilidad de los vasos cerebrales afectados en el ictus y son capaces de extraer o disgregar el trombo que obstruye una arteria cerebral con una eficacia alta.

Pero estas terapias, llamadas terapias de reprefusión, son solo realmente efectivas si se producen en las primeras horas tras la oclusión del vaso, y, según Segura, “la existencia de una ventana terapeútica limitada” impide la eficacia y provoca que solo entre el 20 y el 30 por 100 de los pacientes con un ictus isquémico resulten finalmente beneficiados.

Por ello Segura apuesta por aumentar el esfuerzo dedicado a otras estrategias terapeúticas, concretamente a las de neuro-protección o neuro-reparación, “que tengan como objetivo principal regenerar el área tisular dañada por un infarto o por una hemorragia cerebral”, ha indicado.

Fuente: http://www.encastillalamancha.es/
PROTECTIA | 3 septiembre, 2018

Convierten células madre en células hepáticas y las hacen crecer en un polímero microscópico implantado bajo la piel, junto al hígado.

Uno de los campos más prometedores de la medicina regenerativa está en la fabricación de tejidos biosintéticos o biosimilares, es decir, criar y ensamblar células capaces de formar partes de órganos a implantar en pacientes, sin generar rechazo. El hígado es un territorio complicado en el que se acaba de dar un nuevo paso con éxito en ratones.

En la Universidad de Edimburgo (Reino Unido), el equipo del doctor David Hay usó células madre –que pueden convertirse en células de cualquier parte del cuerpo– y una especie de andamiaje microscópico a base de un polímero para fabricar higaditos (o parte de los mismos) de ratón.

Los científicos tomaron células madre embrionarias humanas e indujeron células madre pluripotentes (células adultas, de piel, por ejemplo, a las que se convierte en células madre). Las estimularon cuidadosamente para desarrollar las características de las células hepáticas, los llamados hepatocitos. Cultivaron estas células como pequeñas esferas en un plato durante más de un año en laboratorio. No se les murieron, lo cual ya es en sí todo un éxito, tal como publican en Archives of Toxicology.

“Esta es la primera vez que alguien ha mantenido vivo el tejido hepático derivado de células madre durante más de un año en el laboratorio”, apunta Hay. “Las células vivas y estables como células hepáticas durante mucho tiempo son un paso muy difícil, pero crucial si esperamos utilizar esta tecnología en las personas”, apunta desde Edimburgo.

Hacer crecer células sobre un andamiaje

Los científicos luego colaboraron con químicos e ingenieros de materiales para identificar polímeros adecuados ya aprobados para su uso en humanos, con el fin de desarrollarlos en andamios tridimensionales. El mejor material fue un poliéster biodegradable, policaprolactona, que se hiló en fibras microscópicas. La malla de fibra formó un andamio de un centímetro cuadrado y unos pocos milímetros de grosor. Ya estaba listo el esqueleto de la escultura biológica, de forma parecida a este avance presentado en California en diciembre de 2017.

En este caso, no era tan importante la forma o doblez que iba adquiriendo el conjunto de células, como que creciesen de forma coherente por la malla y se mantuvieran con vida, capaces de realizar sus funciones hepáticas.

Los vasos sanguíneos crecieron con éxito en los andamios y se encontró que los ratones tenían proteínas hepáticas humanas en la sangre, lo que indica que el tejido se había integrado con éxito con el sistema circulatorio. Ni andamios ni células criadas en cautividad fueron rechazadas por el sistema inmune de los animales tras el implante.

El experimento se hizo en ratones con tirosinemia, un trastorno genético potencialmente mortal en el que las enzimas del hígado que descomponen el aminoácido tirosina son defectuosas. Eso provoca la acumulación de productos tóxicos.

El tejido hepático implantado ayudó a los ratones con tirosinemia a descomponer la tirosina. En comparación con los ratones de un grupo control que recibió andamios vacíos de células, los ratones con implantes hepáticos perdieron menos peso, tuvieron menos acumulación de toxinas en la sangre y mostraron menos signos de daño hepático.

El doctor Hay espera que “implantes como estos puedan un día ser capaces para ayudar a las personas con problemas de hígado. Colocar los andamios debajo de la piel tiene la gran ventaja de ser algo menos invasivo y potencialmente más seguro que insertar injertos de tejido en el abdomen”.

Fuente: https://www.elindependiente.com
PROTECTIA | 29 mayo, 2018

Las células madre son al siglo XXI lo que los antibióticos fueron al siglo XX.

En Argentina hace más de 10 años que se puede guardar material genético en el banco público o en alguno de los 7 bancos privados, con un costo promedio de extracción del $15.000 y USD 180 anuales en concepto de mantenimiento. En el país la criopreservación de células madre obtenidas del cordón umbilical (SCU) se realiza rutinariamente hace más de una década.
Dicho sistema, que congela las células a temperaturas extremadamente bajas,  asegura el mantenimiento correcto del material genético para siempre.

En la cabeza de los futuros padres se asoman muchas preocupaciones y sin dudas una de ellas es la posibilidad de criopreservar las células madre de la sangre del cordón umbilical luego de realizado el parto. En el país existen 7 bancos privados en los que se mantiene la muestra almacenada para uso propio del bebé recién nacido o cualquier familiar compatible, y un banco público que funciona desde 2005 en el Hospital Garrahan, donde aquel que así lo desee puede donar sus células de cordón como gesto altruista.

“Las dudas más comunes que tienen los padres al consultar por la contratación del servicio están relacionadas, por un lado, con el aspecto puramente médico-científico: si la recolección es segura e indolora, quien toma la recolección el dia del parto, qué grado de compatibilidad tiene esa muestra con el resto del grupo familiar y por supuesto las aplicaciones de las células madre en la actualidad. Por otro lado, está en la parte puramente de contratación: formas de pago, consulta por anualidades y promociones vigentes.” explica Alejandro Rico Douglas, miembro de la Comisión Directiva de ABC Cordón, la asociación que nuclea a los bancos privados que realizan este procedimiento.

En 1988 se realizó el primer trasplante mundial de SCU para tratar a un paciente norteamericano con anemia de Fanconi. El tratamiento tuvo lugar en Francia, con SCU de su hermano, porque en ese momento la FDA no permitió el tratamiento en EEUU ya que su utilidad no estaba probada. Hoy, ese niño es un adulto sano. En 1993 se realizó el primer trasplante alogénico de donante no relacionado, que fue un éxito y fue el punto de partida de nuevas posibilidades de trasplante en centena de miles de casos en todo el mundo.

En el año 2001 se concretó el primer trasplante autólogo con SCU en un niño con enfermedad oncológica, que también fue un éxito. “Hoy existe una paradigma extendido que indica que las células madre sólo “sirven” para tratar enfermedades hematológicas o inmunológicas. El cordón umbilical de un bebé recién nacido tiene gran concentración de células madre hematopoyéticas y mesenquimales (tanto en la sangre como en el tejido mismo del cordón), y cuenta con una capacidad regenerativa 20 veces superior a las presentes en la médula ósea, por eso la comunidad científica está realizando avances realmente importantes para el tratamiento, por ejemplo, de enfermedades neurológicas, como en el caso de parálisis cerebral Encefalopatía Hipóxico Isquémica (EHI) en el recién nacido” señala Diego Fernández Sasso, Pediatra hematólogo MN 82733 y Presidente de ABC Cordón.

La medicina regenerativa implica entonces recolectar y almacenar este material genético único teniendo en cuenta las posibilidades de tratamiento a largo plazo. “Lo increíble de la criopreservación es que se guardan células para cuando nuestros hijos tengan 50 años, y la medicina en 50 años va a ser totalmente distinta a la de hoy. Se trata de un material de potencial curativo que ya está siendo utilizado exitosamente tanto para tratar enfermedades altamente complejas como para aplicaciones para mejorar la calidad de vida de las personas. Yo siempre digo que digo que el uso de las células madre son al siglo XXI lo que los antibióticos fueron al siglo XX. Estamos ante una panorama de un potencial increíble”, finaliza el doctor Fernández Sasso.

Fuente: losandes.com.ar
PROTECTIA | 18 mayo, 2018

El gobierno de Japón aprobó ayer el uso de un tipo de células madre “de pluripotencia inducida” (iPS), en una operación cardíaca que será realizada por un equipo de la Universidad de Osaka y supondrá la primera de este tipo en el mundo.

La operación consistirá en adherir al corazón de un paciente con una insuficiencia cardíaca grave, una lámina de músculo creado a partir de este tipo de células madre para que el órgano recupere su correcto funcionamiento, según explica el equipo universitario, liderado por el profesor Yoshiki Sawa.

Éste será el primer ensayo clínico del mundo sobre el uso de iPS en un corazón, después de que en 2014 un equipo dirigido por el centro de investigación estatal Riken realizó con éxito la primera intervención en humanos con estas células, un trasplante de retina en una paciente de avanzada edad con degeneración macular.
A diferencia de esa primera ocasión, en la que se usaron células iPS de la propia paciente, en la operación cardíaca se utilizarán las de un donante y el volumen requerido de células será mayor, lo que aumenta el riesgo de rechazo y otras complicaciones.

Los investigadores de la Universidad de Osaka tienen previsto realizar la operación antes de final de año, y una vez concluida el equipo establecerá un período de un año para hacer un seguimiento de la seguridad del tratamiento y la posible aparición de efectos adversos.

Las iPS son un tipo de célula que se convierte en cualquier tipo de tejido mediante un proceso de reprogramación genética.
El uso de este tipo de células resuelve en principio el dilema ético de trabajar con células madre de embriones que, como las iPS, poseen la misma capacidad de transformación celular, y supone un paso muy importante para el avance de la medicina regenerativa.

FUENTE: comercioyjusticia.info
PROTECTIA | 27 abril, 2018

“El protocolo ya está probado como seguro, eficaz y autólogo. Podría implementarse en todas las maternidades públicas y privadas que tengan hipotermia y laboratorio.” Aseguró Ximena Beilin, mamá de Delfina, quien se ocupa de  difundir desde su fundación el valor de las células madre de cordón umbilical para tratar a chicos con parálisis cerebral. Ya logró traer al país un protocolo que se aplica en la Maternidad Sardá con resultados favorables.

Ximena Beilin (43) tiene la fuerza y la serenidad de haber convertido el dolor por la pérdida de su hija en algo más: en la oportunidad de transformar la vida de otros chicos. Delfina, su segunda hija, murió cuando tenía 3 años y medio, en 2007. Aunque el embarazo había sido saludable para ambas, en el momento del parto la beba sufrió una hipoxia (falta de oxígeno) que le dejó secuelas neurológicas muy severas. A partir de ahí, un camino incierto, doloroso y de mucho esfuerzo se abrió para la familia Baratelli, que ya tenía a Sofía, quien acababa de cumplir 3 años.

“Delfi nació en 2004. Recién el año pasado, una década después de su partida, empecé a poder hablar sobre esto durante cinco minutos seguidos sin llorar. Fue un proceso”, cuenta esta mamá incansable y con una fuerza admirable. Según su relato, la bebita nació con parámetros que apuntaban a una falta de oxígeno durante el parto, debido a una mala praxis médica que desatendió una bradicardia de 35 minutos en el trabajo de parto. Así consta en la sentencia firme del juicio que ganaron en 2011.

Esta hipoxia dejó secuelas gravísimas en la corteza cerebral de la beba que le generaron un compromiso global, es decir, en las áreas motoras, en lo cognitivo y en lo sensorial. “En ese momento lo único que se podía
hacer era esperar que el edema cerebral bajara, mientras se daban medidas de apoyo clínico para asegurarse que estuvieran bien los parámetros más importantes. No existía acá la hipotermia (bajarle la temperatura al bebé)
como procedimiento para que las secuelas fueran menores, ni ninguna otra cosa. Había que esperar”, explica Ximena.
Con la energía puesta en tratar de que su hija tuviera una mejor calidad de vida, agotó todas las posibilidades habidas y por haber. Buscando en la web, una noche de desvelo dio con una médica en Estados Unidos, la doctora
Joanne Kurtzberg de la Universidad de Duke, que había logrado un hallazgo trabajando con células madre de cordón umbilical y eso podría ayudar a Delfi.

La contactó y se le abrió una ventana esperanzadora. “Sentí que el cordón era como oro en polvo. No podíamos no hacer nada”, cuenta. Por suerte, ella lo había conservado en el primer banco de células madre privado que existía desde ese año en nuestro país (el primero había sido el público del Hospital Garrahan, pionero en sangre de cordón umbilical en Argentina). Fue entonces que Ximena pasó a formar parte de un grupo de mamás que se autodenominaron “Duke mums”, que habían llegado hasta Carolina del Norte con la esperanza puesta en esta médica pionera y en sus hallazgos con hijos pequeños.

“Ya había siete chicos en el mundo que habían mandado su sangre de cordón a Duke y se habían hecho este procedimiento ambulatorio, sin riesgo, ya que es autólogo. Era algo nuevo en ese momento. Como la sangre del cordón de Delfi –que ya tenía dos años y medio– cumplía con los parámetros, pudo viajar en octubre de 2006 a Estados Unidos junto con su papá y Jose, su estimuladora (N. de la R.: a los seis meses del nacimiento de Delfina, Ximena quedó embarazada de Marcos y no quería estar lejos del bebé y de su hija mayor en ese momento). El tratamiento no tenía internación, era ambulatorio y lo costeamos nosotros porque en Argentina no estaba nomenclado”, explica.

EL PROTOCOLO, AQUÍ Y AHORA. Los años pasaron, las investigaciones médicas avanzaron y en Duke empezaron a aplicar el protocolo en recién nacidos. Ximena –de la mano de su Fundación Delfina Baratelli–, mientras criaba también a Emilio, su cuarto hijo, que nació en 2008, logró que en 2013 el Ministerio de Salud, el INCUCAI y otros organismos estatales aprobaran la implementación del Protocolo de Seguridad llamado “Células autólogas de la sangre del cordón umbilical y placenta para la encefalopatía hipóxica-isquémica” que la fundación se encargó de obtener y traducir.

Financiaron el viaje de capacitación del Dr. Claudio Solana (jefe de Neonatología de la Maternidad Sardá e investigador principal del protocolo local) a Duke y desde ese momento el procedimiento está disponible en la Argentina. Por ahora en la Maternidad Sardá únicamente. “El mejor lugar de Argentina para parir es la Maternidad Sardá porque, pase lo que pase, van a tener una respuesta para darte. El resto de las maternidades todavía están atrasadas”, cuenta ella.

El pediatra y hematólogo Diego Fernández Sasso –presidente de ABC Cordón– afirma que “el bebé cuando nace tiene una gran cantidad de células madre circulando por el cuerpo y al nacer, un gran número queda en la sangre del cordón umbilical. Estas células se recolectan sin riesgo para la mamá ni para el bebé y se manipulan bajo ciertos estándares para realizar la infusión”.

La ventaja de las células madre es que tienen capacidad antiinflamatoria e inmunomoduladoras. Además, por su plasticidad celular se pueden adaptar al tejido dañado y generar nuevas células. Entonces, no solamente reducen la inflamación causada por la falta de oxígeno, sino que también se amoldan al tejido y ayudan a regenerar lo que está dañado.
El médico afirma, optimista: “Si vos podés ofrecerle a un chico con lesiones neurológicas una terapia donde su daño severo sea moderado, le cambias el destino. Por ejemplo, si un paciente que tiene incapacidad para desplazarse logra hacerlo, o si algún niño tiene trastornos cognitivos mejora, bienvenido. Cada punto de mejora es un impacto positivo en su calidad de vida”.

Ximena, sin ser médica, se convirtió de algún modo en especialista en el tema, y explica: “Al infundir las células madre con un pinchacito a través de una vía en el brazo, se espera que migren al lugar del cuerpo que pide reparación y hacen algo. En este caso, al cerebro. Hay algo de lo que viene con esas células que provoca toda una situación de mejora. Por eso, si ese recorrido se hace en un cuerpo más chiquito es más fácil, ya que llegan más rápido. Es importante que el chico esté bien en todo lo demás para que las células no vayan a cubrir otra señal de alarma”.

Este protocolo implica que en caso de que se advierta durante el embarazo la posibilidad de hipoxia o que ocurra durante el parto, por seguridad, además de realizar la hipotermia (bajarle la temperatura al bebé), se recolecte la sangre del cordón, se traslade al banco público del Hospital Garrahan donde se la procesa y se la lleva nuevamente a la Maternidad Sardá para infundirla en un esquema que abarca las primeras 72 horas de vida.
Delfina apenas vivió seis meses después del procedimiento (porque el gran compromiso de su lesión cerebral adquirida hizo que en un punto “colapsara su sistema vagal”, explicó Ximena).

Sin embargo, toda la familia pudo advertir y disfrutar las mejoras gracias al procedimiento con células de cordón: “De comer solo comidas licuadas y espesadas, ya estaba por empezar a intentar con galletitas trituradas; además, estaba empezando a fijar el ojo derecho y a dar pasitos mínimos con el andador y sus sostenes. No sé si iba a poder caminar, pero ahí está la diferencia entre un adulto a upa y uno que no. Por otro lado, estaba tratando de entrenar el control de esfínteres. Son cuestiones que hacen mucha diferencia en la calidad de vida de una persona. El protocolo ya está probado como seguro, eficaz y autólogo. Podría implementarse en todas las maternidades públicas y privadas que tengan hipotermia y laboratorio. Si estuviera disponible y tu hijo lo necesitara, ¿no lo harías?”

Cuando comenzó a difundirse el tema de los bancos de células madre del cordón umbilical estaba latente la promesa del tratamiento futuro de enfermedades y lesiones. Ximena consiguió acortar los tiempos y la esperanza a futuro ya se vislumbra como una realidad del hoy. El mecanismo. Hablamos con la Dra. Joanne Kurtzberg, directora del Banco de Sangre de Cordón de Carolina del Norte, acerca de por qué las células madre pueden ayudar a los chicos con parálisis cerebral.“Hay células en la sangre del cordón llamadas monocitos que envían señales al cerebro e instruyen a las células del propio cerebro a reparar conexiones dañadas. Sobre esto estamos trabajando en Duke desde 2010”, explica.

En cuanto a los resultados, “hemos demostrado que los chicos con parálisis cerebral que han sido infundidos con su propia sangre mejoraron sus funciones motoras. Estamos cerca de lograr que esto se vuelva masivo algún día. Pero debemos continuar con nuestros estudios y así obtener más información”.

 

Al año de tratamiento se ven resultados significativos: 

Por Claudio Solana, jefe de Neonatología de la Maternidad Sardá y del Hospital Alemán “El procedimiento que se realiza en Duke con niños (no recién nacidos) ya demostró efectividad en pacientes con diagnóstico de parálisis cerebral. Es decir, lograron mayores éxitos en el neurodesarrollo. Al año aproximadamente se ven resultados significativos, dependiendo del grado de lesión. Niños que no caminaban pueden lograr hacerlo, otros pueden retener esfínteres o comer comida semisólida. Ahora se está trabajando allá –y nosotros también en la Maternidad Sardá– con niños recién nacidos que presentan alguna señal de falta de oxígeno en el momento del parto y así intentamos prevenir el grado de las secuelas neurológicas que les pueden quedar. Estamos en la fase 1, de seguridad, es decir, verificar que no presente daños colaterales. Para este protocolo en particular en Argentina no es posible usar la sangre de cordón de un hermano. Se cree que la sangre de cordón criopreservada al momento del parto puede ser útil al menos hasta 15 años después”.

Dónde. Fundación Delfina Baratelli por la Prevención y Reparación de Lesiones Cerebrales: creada por Ximena y el papá de Delfina, Roberto Baratelli (47), la fundación trabaja desde 2008 para mejorar la vida de los chicos con encefalopatías crónicas no evolutivas, producto principalmente de encefalopatías hipóxico isquémicas (falta de oxígeno en el cerebro). Se puede ayudar a través de www.delfi.org.ar

Fuente: Texto: Carolina Koruk. (Foto: Maxi Didari/ Para Ti).