Ecografía: el estudio más importante del embarazo

Una ecografía es una técnica de diagnóstico por imágenes que utiliza el ultrasonido. Es sumamente seguro durante el embarazo, tanto para la mamá como para el bebé, ya que no utiliza radiación -y por supuesto- no invasivo.
Durante la gestación, es una herramienta irremplazable. Gracias a que permite ver al bebé “en vivo y en directo” dentro del vientre, brinda información sobre su crecimiento y muchísimos otros aspectos de la salud (cantidad de líquido amniótico, ubicación de la placenta, entre otros).

A lo largo del embarazo es recomendable realizar varias ecografías de rutina. No hay criterio del todo unificado en cuanto a la cantidad, ya que depende del obstetra que sigue el embarazo y de cada paciente. Sin embargo, lo ideal es realizar una primera ecografía alrededor de la semana 7, otra entre las semanas 11 y 14, una a mediados del embarazo, y otra aproximadamente en la semana 30.

Y si bien se trata del mismo estudio -como ya veremos- en cada uno de los trimestres tiene un objetivo diferente.

La ecografía en el primer trimestre
Lo ideal es realizar una primera ecografía en forma precoz, alrededor de la semana 7 de gestación (contada desde la fecha de la última menstruación). Este estudio es sumamente importante ya que brinda información valiosísima. Su finalidad: confirmar el embarazo, que el embrión tiene latidos, que está dentro del útero, la cantidad de embriones (es decir si hay un bebé o más). En esta ecografía también se realizan mediciones al embrión, lo que permite determinar con exactitud la edad gestacional; de esta forma el obstetra puede estimar en forma más certera la fecha probable de parto (es un dato mucho más confiable que la fecha de la última menstruación, ya que no todas las mujeres son regulares). Vale destacar que en las mediciones que se efectúen en las ecografías siguientes -dado que en posteriormente cada bebé crecerá a su propio ritmo- no debería corregirse la fecha probable de parto.

Si bien la primera ecografía puede realizarse por vía abdominal o transvaginal, es preferible la última, ya que permite una mejor visualización. Para tu tranquilidad, no implica peligro alguno para el bebé, ya que el transductor ingresa en la vagina, pero no en el útero. Por otra parte, se realiza colocando un preservativo estéril sobre el mismo, por lo que no hay riesgo de contagio de infecciones.

La siguiente ecografía importante de este trimestre es la Translucencia Nucal (TN), que se lleva a cabo entre las semanas 11 y 14 del embarazo. En esta oportunidad se mide un pliegue de líquido que hay en la nuca del bebé, además de otros parámetros. Si la medición de la TN da aumentada, hay más riesgo de que el bebé tenga algún problema cromosómico -entre ellos síndrome de Down-. En ese caso, se le recomienda a la la futura mamá realizar un estudio de ADN. Si el estudio cromosómico es normal, es preciso descartar otras patologías que también pueden provocar un aumento de la TN, como por ejemplo problemas cardíacos.

La translucencia nucal no sólo brinda información sobre el bebé, sino que también logra calcular si la mujer tiene mayor riesgo de desarrollar hipertensión durante el embarazo, o problemas asociados a ésta. De ser así, se indica la administración de aspirina desde el mismo momento en que se tienen los resultados de la TN (no sirve tomarla más adelante). Hay algo que sí vale la pena destacar: la translucencia es un estudio de probabilidad, esto quiere decir que no descarta ni confirma ninguna patología ni diagnóstico.

Una ecografía realizada en forma precoz brinda información confiable sobre la edad gestacional, y por ende, sobre la fecha probable de parto.

Segundo trimestre: a mitad de camino
En esta etapa de la gestación -que según los especialistas es “la primavera del embarazo”- también es preciso realizar un estudio ecográfico.

Se lleva a cabo idealmente entre las semanas 20 y 22, a través del abdomen, y recibe el nombre de Scan Fetal. ¿Cuál es su finalidad? Realizar una evaluación detallada de toda su anatomía, de pies a cabeza, deteniéndonos en cada uno de sus órganos (de ahí su nombre). Este estudio permite detectar problemas cardíacos o renales, del sistema nervioso, entre otros.

En esta ecografía todos los papás suelen hacer “la pregunta del millón”: si es posible ver el sexo del bebé. Si bien en la TN se puede “sospechar” si se trata de una niña o un varón, desde la semana 16 se suelen divisar claramente los genitales externos. Es importante que los papás lo puedan ver ellos mismos, y que no se queden solamente con las palabras del ecografista.

También se evalúa el líquido amniótico, la placenta, y en algunos casos un doppler para calcular el riesgo de hipertensión gestacional y problemas asociados.

En ocasiones el obstetra indica una ecografía transvaginal con el propósito de medir la longitud y el estado del cuello del útero, y de esta forma predecir el riesgo de un parto prematuro si el mismo está acortado. Se realiza el mismo día, a continuación del scan fetal.

La ecografía en el tercer trimestre
El embarazo está avanzado y el nacimiento del bebé está en cuenta regresiva en la mente de la mamá.

Alrededor de la semana 30 se suele indicar una ecografía obstétrica. En esta oportunidad se evalúa su crecimiento, en qué posición está el bebé (es decir si ya rotó y está con la cabeza hacia abajo, si está “sentado”, o si está en posición transversal), se calcula su peso, y se evalúa el líquido amniótico y la ubicación de la placenta.

En ocasiones, esta ecografía también se realiza con doppler fetal para evlar cómo le llega la sangre al bebé desde la placenta.

 

 

Fuente: www.ahoramama.com.ar