En primer persona, de obstetra a paciente

PROTECTIA | | 25 septiembre, 2018

David Hall tiene 70 años, es obstetra retirado y después de una carrera en la que desechó más de 5.000 cordones umbilicales jamás se hubiera imaginado que el trasplante de sangre de cordón sería la única opción posible para salvar su vida.

Él era una persona muy activa pero en 2012 sintió desmejorado su rendimiento físico. En noviembre visitó al Dr. Chris Agner quien le diagnosticó Leucemia Mieloide Aguda y su vida cambió definitivamente.

Después de las fiestas David ingresó al Baptist Medical Center por siete semanas sobrellevando dos rondas de quimioterapia, seguidas por cinco meses de terapia adicional. “Comenzó siendo un tratamiento muy intenso que luego sería peor”.

Una búsqueda en la base de donadores de médula ósea internacional arrojó que entre 27 millones de posibles donantes él no era compatible con ninguno y debido a que el tratamiento de quimioterapia había sido tan agresivo David no tenía posibilidades de volver a reactivar su propio sistema inmune. David tenía un conteo total de glóbulos blancos de menos de 100 (lo normal es de 5.000 a 10.000). Por lo que el trasplante era absolutamente necesario.

En mayo de 2013 David fue admitido en el Centro médico de la Universidad de Duke donde le dijeron que tendría su trasplante, aunque ligeramente diferente a lo que él se había imaginado. Me dijeron que mi única y mejor opción era un trasplante de dos unidades de sangre de cordón, pero no tenía idea que este milagro empezaría tan cerca de casa” dijo haciendo referencia a sus 33 años en la profesión. Habían encontrado dos muestras compatibles de sangre de cordón umbilical donadas por dos generosas familias de Estados Unidos. Se sometió a 10 días de radiación para dejar su sistema inmune en cero y poder aceptar la donación.

Pensé que estaba salvado, pero nada es tan simple como parece”, dice y agrega “esa mañana del 29 de mayo de 2013 en que debía someterme al trasplante caí en coma debido a un shock séptico solo segundos después de que la primera unidad fuese descongelada”. No se podía volver atrás y esto puso a sus doctores ante una encrucijada. Decidieron finalmente realizar el trasplante junto a una alta dosis de esteroides y antibióticos y para el momento en que comenzaron a trasfundir la segunda bolsa David estaba sentado en la cama riendo. “Fue volver a nacer” dice, rememorando con alegría ese momento.

Ahora siento que debo crear conciencia entre los ginecólogos y obstetras porque puedo hablarles como un par, pero un par que también desconocía la importancia de no desechar las células madre” David Hall se ha retirado de la medicina y ahora trabaja para BeTheMatch.org como consejero para familias y pacientes con cáncer y se encarga de capacitar a médicos y enfermeras sobre el valor de no tirar este recurso y sobre cómo mejorar sus recolecciones.

También da charlas para crear conciencia para escuelas de medicinas y familias de todo el mundo. Y apoya a centros de investigación con células madre, pero agrega que “sin la ayuda y el compromiso de los obstetras nada de esto sería posible. Nuestros mejores recursos son las personas que trabajan en las clínicas y hospitales: Los médicos, enfermeras, instrumentistas y educadores de parto -que serían algo así como los cursos de preparto de Argentina-” y agrega, “ellos tienen la oportunidad de dar vida dos veces, la primera al recibir al recién nacido y la segunda al recolectar la sangre de cordón umbilical”.