Tratamiento genético para curar el cáncer

Hace un año, cuando dejó de funcionar la quimioterapia contra su leucemia, William Ludwig firmó un consentimiento para ser el primer paciente en un experimento innovador en la Universidad de Pensilvania.
El procedimiento consistió en extraerle miles de millones de linfocitos T –un tipo de glóbulos blancos que combate virus y tumores–, y agregarles genes nuevos que programarían a las células para atacar su cáncer. Luego, las células alteradas fueron aplicadas a través de un sistema de goteo en sus venas.
Unas semanas después de realizarle el tratamiento la leucemia había desaparecido. Y hoy un año después, Ludwig ya se encuentra en remisión total.
Los científicos dicen que el tratamiento que ayudó a Ludwig, descrito recientemente en la revista The New England Journal of Medicine and Science Translational Medicine, puede significar un hito en la prolongada lucha por desarrollar efectivas terapias genéticas contra el cáncer.
Y no sólo para pacientes con leucemia: otros cánceres también pueden ser vulnerables a este enfoque novedoso – en el cual se emplea una forma discapacitada del HIV-1, el virus que causa el sida, para transportar genes que combatan al cáncer en las células T del paciente.
En esencia, el equipo usa la terapia genética para lograr algo que los investigadores habían esperado hacer durante décadas: entrenar al propio sistema inmunológico de una persona para acabar con las células cancerosas.
Otros dos pacientes se sometieron al tratamiento experimental. Uno presentó remisión parcial, el otro la tuvo completa. Los tres tenían leucemia linfática crónica y se les habían agotado las opciones de quimioterapia.
Por lo general, la única esperanza de remisión en tales casos es un trasplante de médula espinal, pero estos pacientes no eran candidatos para ello.
El doctor Carl June, quien coordinó la investigación y dirige la medicina traslativa en el Centro Oncológico Abramson de la Universidad de Pensilvania, dijo que los resultados lo sorprendieron incluso a él y a sus colegas, los doctores David L. Porter, Bruce Levine y Michael Kalos.

Fuente: New York Times – Octubre 2011