El 4to. Trimestre y las funciones parentales

El embarazo es el período de gestación del feto humano cuya duración es de unas aproximadas 37 a 40 semanas y durante el cual se forman todos los tejidos que van desde la piel hacia adentro: tejido óseo, conectivo, graso, muscular, nervioso, etc.

Aún habiendo nacido a término, todos los cachorros humanos vienen a la vida de manera prematura, en estado de indefensión y de extrema dependencia de un otro que lo sostenga. Cualquier cachorro de otra especie nace con mayor estado de madurez que el ser humano, lo cual le brinda la posibilidad de desplazarse y poder seguir a su madre. Por razones evolutivas cuando el hombre adquirió la bipedestación se achicaron sus caderas y en consecuencia se acortó el tiempo de gestación, de hecho, la maduración cerebral humana se realiza en su mayor parte por fuera del útero materno.

Al período inmediatamente posterior al parto lo denominamos exogestación ya que durante este se realizará la mayor maduración del cerebro y, en consecuencia, de todo el ser humano. Además, una vez fuera del antro materno pero aún en vínculo estrecho entre la madre y el bebé, se formará el último tejido que es el psicológico.
Durante un largo proceso que denominamos crianza, el ser humano se va formando como ser social y psicológico.

Es justamente por estas características que lo denominamos exogestación, porque es un período de formación pero por fuera del cuerpo materno.

Para asegurarse que este proceso suceda de manera exitosa entre dos seres que todavía se desconocen y entre cuales aún no media la palabra, la naturaleza provoca en la madre reciente un estado de revolución hormonal, de gran sensibilidad emocional y de retiro de su libido de los objetos externos. Es decir, en estado de puerperio. El puerperio es el estado exclusivamente femenino que permite que la mujer se encuentre en total estado de disponibilidad para su nuevo bebé, para conocerlo y descifrarlo, para que éste se termine de desarrollar y se construya hacia el final de esta etapa, en un niño pequeño.

Por su parte, el bebé dispondrá de una gran inteligencia sensible que se irá desplegando en cada encuentro con su madre y le permitirá percibir el mundo a través de sus sentidos. La sensibilidad de un recién nacido es exquisita y le permite conectarse con su mamá de manera inmediata al nacimiento, oliéndola, escuchándola, mirándola y sintiendo su piel. Una mujer puérpera por un lado y un bebé hipersensible por otro, se encuentran en el proceso de exogestación.

Lo llamamos cuarto trimestre, ya que en los tres primeros meses posteriores al nacimiento, el bebé realizará grandes conquistas y a alta velocidad. Pensemos que el bebé deberá aprender en tiempo record quién lo alimentará, lo cuidará y lo calmará cuando la vida se le presente difícil. De todos modos, el período de exogestación se considera como un tiempo más prolongado que los primeros tres meses del recién nacido. Aún se debate si el final del mismo lo marca el momento en que el bebé adquiere cierta autonomía para alejarse del cuerpo de su madre de manera independiente y adquiere, de manera incipiente, la función simbólica. Esto suele suceder entre el primer año y medio y los dos años de vida.

Cada mujer es un ser complejo y todas diferentes entre sí. Existen diferentes planos del ser, es decir, somos un cuerpo, una mente, un espíritu, tenemos un psiquismo, una historia particular y al embarazarnos lo hacemos involucrando todos estos planos a la vez. No podemos pensar que una mujer está gestando al bebé solamente en su cuerpo e independientemente de los otros aspectos de su ser. Lo mismo sucede con el proceso del puerperio: cada mujer lo transitará de acuerdo a la estructura psíquica que ella haya adquirido a lo largo de su historia, de acuerdo a su vivencia corporal, de acuerdo a los sostenes emocionales que tenga y a su fantasmática con respecto a lo materno.

No podemos pensar que se darán las mismas condiciones para una madre soltera que para otra que esté en pareja, para una madre añosa que para una joven, para una primeriza que para una multípara. Lo que sí se repite para todas las mujeres, sean conscientes de ello o no, es una extrema sensibilidad necesaria para conectar con el nuevo bebé, un gran cambio hormonal a favor de que ella pueda amamantar y dormir de manera superficial en ritmo con su bebé. Estas características son, en parte, heredadas como bagaje genético en tanto las mujeres somos las hembras de los mamíferos humanos y, por otra parte, debido a la vivencia de nuestra historia personal.

La función materna tiene varios momentos que es importante diferenciar. Otro tanto sucede con la función paterna ya que ambas deberían ser solidarias entre sí, ir en una especie de baile acompasado con armoniosa alternancia de protagonismo entre sí.
Durante los dos primeros años de vida del bebé, yo diferencio dos momentos para cada una de las funciones. A partir del nacimiento la función materna es de sostén al cachorro humano: la nueva madre debe satisfacer todas las demandas del bebé que son del orden de lo vital. La mamá debe conocer a su bebé y ver sus necesidades, debe aprender a descifrar cómo las pide y qué necesita en cada llanto. Al principio, los bebés necesitan ser alimentados, cambiados, calmados, ayudados para dormirse y ser contenidos. Este primer tiempo en la función materna lo denominamos SOSTÉN.

Solidariamente con esta función, debería darse el primer tiempo en la función paterna que también es de SOSTÉN, pero esta vez hacia la madre, que está en inferioridad de condiciones psíquicas y físicas con respecto al varón debido al puerperio. Hay que armar una cadena de sostenes que permita la supervivencia del bebé.
Luego, en un segundo momento y cuando el bebé adquiere cierta autonomía física, la madre debe SOLTAR a ese bebé para que este vaya al encuentro con su padre, quien a su vez, debe venir a buscarlo para sacarlo del mundo materno y presentarle el mundo externo. Aquí, el padre le da acceso al niño al mundo social por fuera de la madre y le da el segundo nacimiento, que es el psicológico y social.

Las funciones parentales son indispensables para el saludable desarrollo humano y no pueden estar ausentes. Alguien debe asumirlas en tiempo y forma. Todos los padres y madres deben, en este sentido, “adoptar” a sus propios hijos, apropiarse de la paternidad y la maternidad para ese hijo que ha nacido. No nacemos padres, nos vamos construyendo en vivo y en directo al asumir estas funciones que nuestros hijos nos proponen al llegar y al crecer. En muchas ocasiones, las funciones no se cumplen de manera tan separada como aquí lo describo, sino que cada vez más encontramos que entre los dos participantes de las parejas hay una mezcla en las funciones que antes eran exclusivamente femeninas o masculinas. Hoy vemos muchos padres que hacen dormir a sus bebés, que los bañan, les cambian los pañales o les claman los dolores. También hay mamás que ponen más límites, que trabajan fuera de casa y comparten las funciones con sus parejas. No hay fórmulas mejores o peores, pero sí deben coexistir ambas funciones. Cuando no hay pareja, las funciones las puede cumplir una misma persona o se puede armar una red de sostén que reemplace la función del que está ausente.
Los padres adoptivos son claro ejemplo de que las funciones se aprenden y se asumen.

El encuentro entre cada bebé y cada mamá es único, diferente e irrepetible entre sí. Nunca una mujer es la misma para cada hijo que tenga, porque ella es diferente en cada momento y porque cada hijo es único. Lo fundamental es que el encuentro debe darse y para ello tiene que haber una madre disponible para conectarse con el hijo real que ha parido y no con el hijo que ella ha imaginado durante su embarazo. Al gestarse el cuerpo del bebé, también se va gestando un bebé imaginado por su madre que jamás coincide con el bebé real, el que nace con imperiosas necesidades a cubrir de inmediato, sin pausa y sin descanso. Algunas veces estos bebés vienen de manera prematura, otras veces con algunas patologías inesperadas o simplemente no es el bebé imaginado. El encuentro es siempre novedoso, de alta intensidad emocional y en consecuencia, difícil de procesar.

Siempre es bueno avisarles a los papás recientes es que criar a niños pequeños es altamente trabajoso y es un tiempo maravilloso para aprender a donar. Considero muy importante informar a los futuros padres para evitar que ellos se frustren o se sientan tan solos cuando llegan a sus casas solos con un bebé desconocido y muy necesitado.
Debido a que el proceso del embarazo es un tiempo de grandes idealizaciones, de imágenes que no suelen ser del todo reales y de esperanzas, suele ser muy difícil que los padres puedan escuchar el lado más complejo y trabajoso de esta historia, pero cada vez más encuentro que los padres están más capacitados.

Durante el tiempo en que la madre está puérpera, el padre debe sostenerla para que ella pueda sostener al bebé de ambos. Recordemos que entre la mujer y el varón hay una diferencia abismal respecto de la prestación del cuerpo en favor de la maternidad y la paternidad respectivamente, con lo cual, una vez el bebé afuera el padre puede mostrarse disponible para reemplazarla en lo que ella necesite. Un padre sostenedor entiende que por un tiempo el presta a su mujer y la pierde como compañera exclusiva porque la cede a su niño. Un buen compañero no reclama sexualmente a su mujer cuando ella no se encuentre disponible y se dispone en sintonía con su emocionalidad.
En un segundo tiempo, el padre corta la díada, recupera a su mujer como compañera y saca al niño de la díada para que quede en circulación dentro del mundo social.

No hay fechas determinantes que indiquen que se ha terminado el tiempo de díada entre la mamá y el bebé. No podemos determinar desde afuera cuándo una madre deja de estar puérpera ni podemos decidir arbitrariamente que una etapa está finalizada. Más bien debemos observar, acompañar y guiar al niño en su crecimiento ya que es él quien indicará con sus nuevas conquistas y la adquisición de habilidades cuando está listo para salir al mundo. A modo orientativo, sabemos que entre el años y medio y los dos años de vida un bebé comienza a ser un niño pequeño y entonces se encuentra disponible para hacer determinados cortes con su madre.

 

Fuente: www.embarazadas.com.ar