Colecho: ¿Si o No?

Tema tan actual como controvertido, el colecho tiene defensores a ultranza y detractores aguerridos. Para poder encontrar un punto de equilibrio y tomar una posición determinada vamos a ver de qué se trata y a considerar cuáles son las variables en juego.

¿Qué es el colecho?
Aunque parece una novedad, se trata en realidad de una práctica de larga data que consiste en compartir la cama padres e hijos, lo cual es habitual en otras culturas y lo fue también en otros momentos históricos.

Los motivos que conducen a colechar pueden ser disímiles: la falta de espacio físico, el arraigo a costumbres o hábitos sociales naturalizados, la única opción para mantener al bebé calentito en regiones muy frías o de bajos recursos, la comodidad que representa para amamantar en las noches, o una decisión conciente y consensuada de ambos padres.

Como sea, hoy en día practicar el colecho parece ser una moda como tantas otras que signan los estilos de crianza de cada época. Cotidianamente escuchamos hablar de apego, lactancia prolongada y colecho, con una liviandad que soslaya la importancia vital que conllevan esos temas.

Criar con apego significa criar respetuosa, libre y amorosamente. Además del contacto piel a piel y la demostración física del afecto, se trata de conocer, aceptar y atender a las necesidades de los niños en todas las etapas de su crecimiento, construyendo el vínculo con ellos desde la comprensión, el acompañamiento, el respeto, la presencia y la empatía.

Un bebé precisa que se atiendan sus necesidades básicas de alimentación e higiene, como así también ser amado, aceptado y protegido para poder subsistir. Pero esto no necesariamente se traduce en dormir con nuestro hijo en la misma cama, porque no es la noche el único momento en que podemos demostrarle amor y cuidado para que se sienta más seguro y desarrolle su autoestima.

Habrá padres que prefieran compartir la cama con sus hijos, otros que se sientan a gusto teniendo la cuna dentro del mismo cuarto, y también habrá quienes elijan habitaciones diferenciadas, y ninguno será mejor o peor madre/padre que el otro por esta elección. Lo importante es saber porqué estamos optando por una u otra cosa, que haya acuerdo en la pareja sobre la decisión, y no adoptar una postura rígida que lleve a sostener algo con lo que no nos sentimos cómodos, porque esto repercutirá negativamente en la relación con el otro y en el desarrollo del vínculo con el bebé.

 

Colecho responsable

Quienes decidan consensuadamente compartir la cama matrimonial con sus hijos, deberán tener en cuenta algunos cuidados básicos para que la práctica del colecho sea segura y resguarde el bienestar del bebé:

  • Para evitar accidentes, la cama debe ser lo suficientemente amplia y el colchón firme y liso.
  • El bebé debe dormir entre ambos padres, para asegurarse que no pueda caerse de la cama o quedar atrapado entre el colchón y la pared.
  • El ambiente debe estar templado y los cobertores o mantas no deben sobrecalentar al niño ni cubrirle la cabeza. Es mejor que duerma con un pijama de abrigo, teniendo en cuenta que al estar entre los padres su temperatura corporal se eleva.
  • Si hay animales domésticos, no deben compartir la cama con el bebé.
  • El bebé para dormir debe estar en una posición cómoda, boca arriba y con espacio suficiente para moverse.
  • No es aconsejable el colecho si los padres fuman en la habitación, si consumen alcohol, drogas, medicación que induzca un sueño muy profundo, o si tienen problemas de obesidad mórbida.

Otras opciones

Quienes prefieran espacios más delimitados a la hora de dormir, cuentan con varias alternativas: cama adosada, cuna dentro del mismo cuarto o que el bebé esté en otra habitación. Las condiciones de seguridad referidas al ambiente y a los hábitos parentales son las mismas que para quienes practican el colecho, y también hay que contemplar:

  • Si la cama del bebé está adosada a la cama grande asegurarse que no haya quedado espacio entre ambos colchones.
  • Si hay barrotes en la cuna, cuidar que la cabecita del bebé no quepa entre uno y otro, y de cualquier modo recubrirlos con algún material suave pero no muy mullido.
  • No poner muñecos, almohadones ni almohada en la cuna.
  • Que esté vestido con el abrigo suficiente como para usar sólo una manta liviana, asegurándose que la cabeza y los brazos queden al descubierto.
  • Si el bebé duerme en otra habitación, dejar las puertas abiertas como para escucharlo sin dificultad, y de ser necesario recurrir al “baby-call”. También dejar alguna luz tenue que le permita reconocer el ambiente si se despierta durante la noche.

 

Dormir seguros

Cualquiera sea la opción elegida para la hora del descanso de nuestros hijos, es importante tener en cuenta que al menos hasta los 6 meses los bebés deben dormir cerca de sus padres, ya sea colechando, en una cama adosada o en su cuna pero en el mismo cuarto. Asi pueden regular mejor el ritmo respiratorio y disminuye el riesgo de padecer Síndrome de muerte súbita. Además de este modo también se ve facilitada la lactancia, ya que en los primeros meses las tomas son más frecuentes.

Esté en nuestro cuarto o en su propia habitación hay que acudir a su llamado (llanto) siempre. Es normal y saludable que un bebé llore, es el único modo que tiene de comunicarse, de hacernos saber que algo le está pasando. Los bebés pueden llorar por hambre, por frío o calor, por algún dolor, por pesadillas o simplemente porque necesitan la presencia de sus padres. Que estemos ahí para sostenerlos y calmar su malestar tiene una importancia fundante, ya que además de ayudarlos a atravesar ese momento les estamos aportando las herramientas para construir su confianza en sí mismos y en los demás.

A partir de estas condiciones básicas es que los padres deben decidir la modalidad que adoptarán a la hora del descanso, tratando de conciliar sus posturas al respecto y teniendo en cuenta la comodidad de su hijo además de la propia. Para ejemplificar: puede ser que decidan privilegiar la privacidad y pasar al bebé a una habitación separada, pero que a las pocas semanas la madre esté agotada porque tiene que levantarse varias veces en la noche y luego le cueste volver a dormirse. O que decidan dormir todos en la misma cama, pero que al bebé le cueste conciliar el sueño o se despierte sobresaltado porque el papá ronca o porque hay una tv encendida hasta tarde en el cuarto. Entonces habrá que reevaluar la decisión y adaptarse a las variables que presenta la situación real, que muchas veces puede tener gran distancia con la fantaseada originalmente.

 

Lo importante

Todo bebé necesita imperiosamente ser cuidado, amado, alimentado y protegido. Sólo así podrá sobrevivir a la prematurez con que nacemos los seres humanos. Desde esa base de atención primaria, de seguridad y contención, a medida que crezca podrá ir desarrollando su personalidad futura.

Si hay padres responsables, con capacidad de empatía y disponibilidad para sostener, acompañar, proteger y cuidar a ese niño que han traido al mundo, y que a la vez sean respetuosos y flexibles como para ir adaptándose a los cambios que requiera el devenir de la crianza, podemos estar tranquilos de que ese niño tendrá la seguridad, la confianza y la autoestima suficientes para desarrollarse de modo saludable.

Un niño que crece en un clima afectivo armónico, siendo respetado en sus necesidades, ritmos y expresiones, con límites claros acordes a su edad y con figuras adultas disponibles que lo escuchen, lo protejan, consuelen, comprendan y le ofrezcan guía y contención, tendrá más confianza y seguridad en sí mismo y en los otros, a la vez que logrará mayor autonomía y capacidad para expresar sus sentimientos y autorregular sus emociones, y esto no depende de en qué cama duerma sino del lugar que ocupa en el entramado familiar.
Dormir con los hijos en la misma cama o no será siempre una decisión particular de cada familia e incluso con cada hijo, que ante todo debe apoyarse en el bienestar del niño. No existe un modo mejor o más beneficioso que otro que deba ser pregonado como único ejemplo a seguir.

 

Lic. Gabriela Nelli – Nota publicada en revista Nacer y Crecer- Marzo 2015.-